Te confesé que no podíamos seguir juntos. Y no era porque no quería, mas bien yo ya no podía. O a caso querías que te siguiera mintiendo? Querías que me hiciera un poco más de la vista gorda y seguir engañándote como estos últimos mese lo he hecho? Tu jamás entenderás que algo cambió en mi. Que tu cuerpo no llamó mi atención más. Que tus labios me regalaban besos vacíos a mi parecer. Que tus brazos me llenaban el hueco que necesitaba llenar desde hace mucho, pero ahora ya solo me atan a alguien que no amo. Y cuando ella pasó y yo necesitaba algo más aventado a mi forma de ver. Ella movía su cadera de manera muy sensual. Caminaba con mucha seguridad. Su mirada gritaba sinceridad. Sus labios mojados de tanto gloss y de tanta saliva le gritaron a mi boca seca que los querían mojar. Y entonces yo no dudé más, tu no eras ya exactamente lo que buscaba, no eras exactamente lo que quería soportar, lo que me gustaba aguantar.
Cuando te descuidaste corrí a hablarle. María, bonito nombre pensé, o poco fumable imaginé. Ella sonreía como si nada le preocupara, como si supiera manejar mi atracción compulsiva hacia sus brillantes ojos. Creo que creía que me había enamorado de ella. Y si, me había cautivado toda ella. Le pedí su hora para disimular y fingí tener que irme para no presionar su control ante mi. Me regresé y le sonreí para pedirle después su celular. Tan amable como parece siempre ser me lo regaló, me anotó un corazón en su nombre y me regaló una sonrisa también. Fue entonces cuando regresaste para disimular que todo por aquí andaba muy bien, que todo seguía tan igual como cuando te fuiste. Pero la verdad es que después de cautivarme con María nada sería igual.
Me rogaste un poco para que me quedara. Me juraste como varias noches atrás que todo iba a cambiar, que solo necesitabas tiempo para poder mejorar. Pero la verdad yo ya estaba cansada del tiempo que te había dado. Tres años no habían bastado para mejorar y ahora que alguien me había enamorado por su esencia, su alma, su control, su sonrisa y sus ojos tu querías todo remediar? No me pareció nada justo y levanté la voz. Te grité que tu no ibas a cambiar, las cosas buenas que pasamos las iba a guardar y las malas las iba a desechar, y tu estabas dentro de las cosas malas. Tu no sabías muy bien que yo me había enamorado mientras esa noche ibas al baño. No conocías muy bien mis sentimientos. Para ser exactos no me conocías muy bien como persona. Y ahora, hoy que decido enamorarme de esta mujer juras amor eterno? juras poderme salvar? No te creí. Ella ya me había salvado de tu embrujo, con uno más justo y menos natural.
No dejé de pensar en ella, en la miradas cruzadas que tuvimos en el bar. No pude olvidar esos ojos que me invitaron a bailar. No la podré olvidar pensé. Cuando llegamos a mi casa intenté comportarme de un modo normal. Quise confesarte que yo ya no quería estar con un hombre tan inmaduro como tu. Quise gritarte que ya e habías perdido. Que esa noche en ese bar mientras te descuidabas un poquito más yo me había cruzado con mi otra mitad. Terminé diciéndote que ya no podía más. Terminé pensando terminé gritándome que María era la mujer con la que quería estar.
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