Colgué rápido. Sabía que era yo, estaba seguro que era yo. Dijo mi nombre con tanta seguridad que me espanté y mejor colgué. ¿Y si marca de vuelta, le contesto? pensé. Y si le contesto ni como decirle que me había equivocado, porque no me había equivocado, tenía su nombre esa tarjeta y no le podía mentir. Mejor apago el celular y me duermo. Pero cuando estaba por apretar el botón de apagar sonó. Era él, no era su número pero era él. Quise contestar pero me tardé mucho pensando si o no y colgó. Sabía que me volvería a marcar estaba segura de que lo haría, pero hoy no y apagué el celular. Me acomodé de ladito y cerré los ojos, me quedé profundamente dormida.
Cuando desperté prendí luego luego el celular por si volvía a marcar. No tenía ningún mensaje ni buzón de voz. Tomé el celular y me metí a bañar, no vaya a ser que me agarre enjabonada y tenga que correr por todo el pasillo de mi casa para contestarle, y con eso de que mis vecinos ni chismosos son, se iban a echar un taco de ojo conmigo enjabonada corriendo para contestarle. Pero nada, no marco. Esperé su llamada mientras me secaba, me ponía la crema, los calzones, el brasier, la blusa, el pantalón, los calcetines, los zapatos, mientras me peinaba, me maquillaba, me ponía mi collar, mis pulseras y mis anillos, mientras picaba fruta, calentaba el café, me servía leche, calentaba pan y le ponía mermelada. Esperé su llamada mientras acomodaba mis cosas para ir a trabajar, mientras subía las cosas al carro, mientras salía del estacionamiento, mientras manejaba, mientras me peleaba con los semáforos, el del periódico, el tráfico y una que otra señora. Esperé su llamada mientras me peleaba con mi jefe, leía el facebook, abría twitter, trabajaba, comía mi lunch, tomaba café. Esperé su llamada todo el día. Jamás llegó. -Ana, todo bien?- dijo ese compañero de ojos claros y alto que tenía su escritorio enfrente de mí. ¿Apoco si me veía muy obvia con el celular en la mano para todos lados? hasta al baño lo metí. -Sí, todo bien- dije con la sonrisa que le regalo todas las mañanas y que hoy olvidé por estar esperando su llamada. ¿Estas esperando alguna llamada importante? ¿Está todo bien segura?- Ay no! ya se había dado cuenta de todo! y ahora ¿qué le digo? Ya sé! que mi mamá está mala. No no! que me voy a cambiar d trabajo y espero lo de una entrevista. No no! que mandé a mi perro al veterinario y que me van a marcar para ir por él, aunque ni perro tengo. No no! que mi mejor amiga esta triste porque se encontró a su ex novio y la beso y él es casado y le esta marque y marque. Suena más real y ya me sé bien la historia. Pero justo cuando le iba a contar salió mi jefe de su oficina. ¡ANA! gritó. -ay! permíteme tantito ahorita te cuento- le dije al hombre de ojos claros y corrí con mi jefe. Tenía ganas de besarlo por primera vez, me había salvado de echar a perder todo el trabajo con el hombre de ojos claros y contarle la tragedia con mi ex novio. -Ana, fíjate que necesito que entregues personalmente estos papeles, son muy importantes y solo tú los debes de entregar. Es más tienes el día libre si vas ahora mismo a dejarlos- me dijo mi jefe y yo sin más ni más acepté. Tomé mis cosas rápido, tomé los papeles y me despedí con sonrisita y beso de sus ojos, digo de él.
Me subí al carro y revisé donde estaba la otra oficina donde los iba a entregar. Prendí el carro y el radio y me puse a cantar. Pero seguía esperando su llamada, igual su esposa se había dado cuenta y se enojó, quizá el que me habló no era él, quizá no guardó mi número y jamás volveré a saber de él sino le vuelvo a marcar, quizá él estaba esperando que le marcara. Pero lo mejor era no saber de él por ahora. Si quería que existiera un nosotros eso no iba a pasar. Ya no más.
Después de hoya y media de lidiar con el tráfico y otra vez con las señoras y señores peatones llegué a la oficina donde tenía que entregar los papeles. Busqué donde estacionarme y bajé los papeles importantes. Tomé el elevador, que para variar estaba en reparación, así que me aventé dos pisos hasta la recepción. -Disculpe, buenos días. DISCULPE!- le grité a la señorita de recepción que estaba echando el chisme con la de la limpieza. -Aja...- respondió como si la hubiera ofendido por interrumpir su chisme. -Vengo de la constructora García y asociados a entregar unos documentos, me dijeron que en el piso nueve oficina veintidós loe entregara...- le dije de manera muy educada tragándome sus respuestas déspotas. -ah! registrarse aquí por favor, déjeme una identificación y tome este gafete para pasar- me respondió con el café en la mano. Hice paso a paso lo que me dijo, puse mi nombre, la hora, la fecha y mi firma, le dejé la identificación y tomé mi gafete para pasar. Caminé al elevador, apreté el botón para subir, con la fe de que no estuviera en reparación, hasta que abrió. Entré, apreté el botón del piso 9 y esperé. Llegamos al piso 9 y bajé, busqué la oficina 22 y abrí la puerta. Era su trabajo, era el logotipo de su trabajo colgado en recepción y debajo para confirmar el nombre que venía en la tarjeta de presentación, por si fuera poco debajo del nombre la página de internet de la tarjeta, aquí estaba él. -Buenos días señorita, ¿usted es la de los papeles verdad? permítame, ahorita le aviso al licenciado que ya llegó-.
Nosotros. Primera parte: http://jatzimind.blogspot.mx/2012/05/nosotros.html
Nosotros. Segunda parte: http://jatzimind.blogspot.mx/2012/05/nosotros-ii.html
lunes, 28 de mayo de 2012
Nosotros III
Etiquetas:
amantes,
amigos,
amistad,
amor,
amor de mi vida,
besos,
café,
canciones,
caricias,
cariño,
celos,
cobarde,
confusiòn,
consciencia,
corazón roto,
deilución,
desamor,
futuro,
nosotros,
pasado
domingo, 27 de mayo de 2012
Nosotros II
No soportaba el tráfico en la ciudad, aparte ya iba tarde. Me había entretenido demasiado en el pasillo de vino y licores escogiendo el vino para la pasta que iba a cocinar, y dejen eso, lo que me entretuve peleando y esquivándolo. Y el señor de enfrente que no avanzaba, todos los de los carriles de al lado que no me dejaban pasar y del otro los trabajadores que como si nada echándose su taco de chicharrón. ¿Por qué tenía que besarme? ¿No ya estaba casado? ¿Nada más un besito, un error en su maravilloso matrimonio y ya? ¿Será que se quedó con ganas de besarme desde hace 6 años que lo había dejado y ni adiós le dije? Pero yo ya estaba llegando al trabajo, tarde, pero llegando. Sabía que me jefe me iba a gritar por hora y media, me iba a regañar por hora y media y me iba a intentar convencer de llegar temprano. Pero si él estuviera en mi lugar y su ex novia de hace 6 años se lo encontraba en el super y lo acosaba y deja de eso, lo besaba minutos antes confesándole de su matrimonio y agrégale el tráfico de la ciudad, él también me entendería.
Bajé la computadora, el desayuno recalentado por el sol y la bolsa de mi carro. Corrí con mis enorme e imposibles tacones al elevador, que para variar estaba en reparación. Y échale caminando 12 pisos y media hora de retraso. Pero por fin llegue a mi escritorio. Aventé mi bolsa y mi desayuno, saqué la lap y abrí el facebook, a alguien tenía que contarle de su terrible aparición, cuando de repente llegó mi jefe. ¡ANA! otra vez llegando tarde, usted nunca entenderá verdad. Y como le digo, imagínese que su ex se le para enfrente, le confiesa que se casó y usted la dejó hace 6 años y ni adiós dijo, aparte lo besa y usted huye al tráfico para llegar al trabajo y cuando llega tarde se descompone el elevador y se avienta 12 pisos en tacones de 11. Si perdón, tuve varios contratiempo inaprensibles y pues llegué. Le dije. Enojado y conformado se fue a su escritorio a mandarme más trabajo para compensar mis pensamientos por él. Mientras prendía la computadora y yo normalizaba mi ritmo cardíaco busqué en mi bola mi maquillaje. En toda esta mañana agotadora seguro ya se me había corrido el maquillaje. Y es que yo soy de esas mujeres que meten hasta el perico en la bolsa, pero se exactamente que traigo. Entre que me peleaba con el celular, quitaba como cuatro veces las llaves y aventé como dos la crema encontré un papelito nadando por ahí. Desconcertada, porque no recordaba haber echado papelitos por ahí, lo saqué. Era su tarjeta de presentación. Su nombre, su profesión, el nombre de su trabajo, el teléfono de su trabajo, su celular y una página de internet. Eso era lo que hacía con mi bolsa mientras yo lo miraba clarito a los ojos. Pensé en romperla, para qué quería saber de él? pero no, mejor la guardé en mi cartera y continué con mi maquillaje.
Tanto trabajo ni ganas me dieron de pensar en él y en su tarjeta de presentación, ni en su beso, ni en su matrimonio ni en nada. Hasta que llegué a mi casa. Saqué su tarjeta y comencé a cocinar. ¿Le marco? pero si yo fui la que huí ¿Y si quería que yo le marcara? no, no creo, puede enojarse su esposa ¿Por qué me puso la tarjeta en la bolsa, mejor me la hubiera dado? no, sabía que no se la iba a aceptar y hasta la iba a aventar. Terminé la salsa de mi pasta y la carne asada que cociné. Puse el vino en su copa y me senté a comer. Cada cucharada que daba era un paso más para llenar el hueco en el estómago que se me hacía por estar pensando en él. Terminé de comer y de pensar. Lavé los platos y limpié la cocina. Pero seguía pensando en él.
Las ganas me vencieron y abrí de nuevo el facebook, tomé su tarjeta y lo empecé a buscar. Escribí bien su nombre, primero con un apellido y después con dos. Busqué entre los mil quinientos resultados su cara, su hijo, su esposa, su familia, sus amigos y nada. Quizá era una de esas personas que cambiaban su nombre de facebook para que a todas sus ex novias a las que les dio su tarjeta no lo encontraran y sugieran creyendo su vida feliz de casado. ¿Para que seguir buscando alguien a quien no quería encontrar? yo lo había dejado sin decirle adiós, ya me había besado como diciéndome adiós, ya me había acompañado de comprar y había visto como volaban los huevos a la cajuela, ya para qué quería hablar con él? Quizá ahora la que se quería despedir era yo. Quizá ahora yo quería besarlo y despedirme. Quizá solo quería que tuviera mi tarjeta y que el se quebrara la cabeza pensando en hablarme o no, en romper la tarjeta o no, en creerme que era soltera y feliz o no.
Desatendí la cama y me quité la blusa y el pantalón, me mire al espejo y busqué celulitis y estrías, me puse crema y el pantalón de la pijama. Me puse la playera y prendí la tele. Dejé cerquita el celular por si le quería hablar y me decidí a dormir. Después de 3 horas de darle vueltas a mi cama y solo seguir pensando en él, me armé de valor. Que importaba si me tenía que despedir, si lo iba a besar y le escondía mi tarjeta, ¿por qué no oír de nuevo su voz? solo para decirle adiós, solo para que no me vuelva a buscar. Tomé el celular, busqué la tarjeta, pensé que no importaba si su esposa contestara, inventaría que es algo de su trabajo urgente y ya. Apunté su teléfono muy bien, lo rectifiqué y le marqué. Sonó una, dos, tres, cuatro veces y se escuchó una voz feliz, sabiendo que era yo -Bueno, ¿Ana?- dijo la voz.
Nosotros. Parte 1: http://jatzimind.blogspot.mx/2012/05/nosotros.html
Bajé la computadora, el desayuno recalentado por el sol y la bolsa de mi carro. Corrí con mis enorme e imposibles tacones al elevador, que para variar estaba en reparación. Y échale caminando 12 pisos y media hora de retraso. Pero por fin llegue a mi escritorio. Aventé mi bolsa y mi desayuno, saqué la lap y abrí el facebook, a alguien tenía que contarle de su terrible aparición, cuando de repente llegó mi jefe. ¡ANA! otra vez llegando tarde, usted nunca entenderá verdad. Y como le digo, imagínese que su ex se le para enfrente, le confiesa que se casó y usted la dejó hace 6 años y ni adiós dijo, aparte lo besa y usted huye al tráfico para llegar al trabajo y cuando llega tarde se descompone el elevador y se avienta 12 pisos en tacones de 11. Si perdón, tuve varios contratiempo inaprensibles y pues llegué. Le dije. Enojado y conformado se fue a su escritorio a mandarme más trabajo para compensar mis pensamientos por él. Mientras prendía la computadora y yo normalizaba mi ritmo cardíaco busqué en mi bola mi maquillaje. En toda esta mañana agotadora seguro ya se me había corrido el maquillaje. Y es que yo soy de esas mujeres que meten hasta el perico en la bolsa, pero se exactamente que traigo. Entre que me peleaba con el celular, quitaba como cuatro veces las llaves y aventé como dos la crema encontré un papelito nadando por ahí. Desconcertada, porque no recordaba haber echado papelitos por ahí, lo saqué. Era su tarjeta de presentación. Su nombre, su profesión, el nombre de su trabajo, el teléfono de su trabajo, su celular y una página de internet. Eso era lo que hacía con mi bolsa mientras yo lo miraba clarito a los ojos. Pensé en romperla, para qué quería saber de él? pero no, mejor la guardé en mi cartera y continué con mi maquillaje.
Tanto trabajo ni ganas me dieron de pensar en él y en su tarjeta de presentación, ni en su beso, ni en su matrimonio ni en nada. Hasta que llegué a mi casa. Saqué su tarjeta y comencé a cocinar. ¿Le marco? pero si yo fui la que huí ¿Y si quería que yo le marcara? no, no creo, puede enojarse su esposa ¿Por qué me puso la tarjeta en la bolsa, mejor me la hubiera dado? no, sabía que no se la iba a aceptar y hasta la iba a aventar. Terminé la salsa de mi pasta y la carne asada que cociné. Puse el vino en su copa y me senté a comer. Cada cucharada que daba era un paso más para llenar el hueco en el estómago que se me hacía por estar pensando en él. Terminé de comer y de pensar. Lavé los platos y limpié la cocina. Pero seguía pensando en él.
Las ganas me vencieron y abrí de nuevo el facebook, tomé su tarjeta y lo empecé a buscar. Escribí bien su nombre, primero con un apellido y después con dos. Busqué entre los mil quinientos resultados su cara, su hijo, su esposa, su familia, sus amigos y nada. Quizá era una de esas personas que cambiaban su nombre de facebook para que a todas sus ex novias a las que les dio su tarjeta no lo encontraran y sugieran creyendo su vida feliz de casado. ¿Para que seguir buscando alguien a quien no quería encontrar? yo lo había dejado sin decirle adiós, ya me había besado como diciéndome adiós, ya me había acompañado de comprar y había visto como volaban los huevos a la cajuela, ya para qué quería hablar con él? Quizá ahora la que se quería despedir era yo. Quizá ahora yo quería besarlo y despedirme. Quizá solo quería que tuviera mi tarjeta y que el se quebrara la cabeza pensando en hablarme o no, en romper la tarjeta o no, en creerme que era soltera y feliz o no.
Desatendí la cama y me quité la blusa y el pantalón, me mire al espejo y busqué celulitis y estrías, me puse crema y el pantalón de la pijama. Me puse la playera y prendí la tele. Dejé cerquita el celular por si le quería hablar y me decidí a dormir. Después de 3 horas de darle vueltas a mi cama y solo seguir pensando en él, me armé de valor. Que importaba si me tenía que despedir, si lo iba a besar y le escondía mi tarjeta, ¿por qué no oír de nuevo su voz? solo para decirle adiós, solo para que no me vuelva a buscar. Tomé el celular, busqué la tarjeta, pensé que no importaba si su esposa contestara, inventaría que es algo de su trabajo urgente y ya. Apunté su teléfono muy bien, lo rectifiqué y le marqué. Sonó una, dos, tres, cuatro veces y se escuchó una voz feliz, sabiendo que era yo -Bueno, ¿Ana?- dijo la voz.
Nosotros. Parte 1: http://jatzimind.blogspot.mx/2012/05/nosotros.html
Etiquetas:
amantes,
amigos,
amistad,
amor,
amor de mi vida,
besos,
café,
canciones,
caricias,
cariño,
celos,
cobarde,
confusiòn,
consciencia,
corazón roto,
deilución,
desamor,
futuro,
nosotros,
pasado
miércoles, 23 de mayo de 2012
Nosotros.
-¿Ana?- preguntó un hombre un poco misterioso. Y yo
respondí dudando un poco -Sí- y cundo giré la cabeza para ver quién era el
afortunado hombre que conocía mi nombre, tiré las bolsas del super. Quise
disimular mi cara de sorpresa, pero mis ojos no lo lograron. Era él, tantos
años queriendo evitarlo y por fin me encontró. Era él, ese con el que cortas y
no vuelves a buscar porque no quieres volver a sufrir. Era él, ese que pensaba
que iba a ser el amor de mi vida. Y siempre que me encontraba cambiaba mi
número. Alguna vez me llegué a cambiar de casa por él. Pero hoy aquí me volvió
a encontrar, con mi pants dominguero, mi peinado dominguero y mis zapatos
viejos, rotos y sucios. Me sonrió, como burlándose de tiempo que
había pasado, como burlándose de como huí y me encontró. -ah!
Hola!... tanto tiempo sin verte- le dije temblando por tanto nervio que me
provocó. -Jajajajaja, si verdad- Y seguía burlándose de lo que me
provocaba -¿Cómo has estado?- preguntó más sincero y menos burleton. Yo Seguía recordando
todo lo que entre nosotros pasó, todo lo que había corrido para que
no me encontrara. Tomé la tarjeta y le pagué a la señorita de la caja, que
después de solo ser la que me atendía se volvió testigo de cómo
me alcazaba las pesadillas. Firmé el ticket y le di las gracias y una
sonrisa, esperando que él se fuera y entendiera que no quería verlo más. Tomé
la tarjeta y la guardé, me agaché para cargar mis bolsas tiradas en el piso y
fue cuando una mano me ayudó -Te ayudo- dijo él. Pero como! si yo no te
respondí, no entiendes que quiero que te vayas, no entiendes que no quiero
verte más! pensé. -Sí, gracias- dije. Seguía sin poderle decir que
no, ahora ves porque no te quería volver a ver.
Caminé esquivando carritos y señoras gordas que van contando las
rayitas del suelo y fue entonces cuando pude responderle, -Yo muy bien,
gracias, y tu?-. Creo que ya se había puesto a pensar sobre si realmente le
quería hablar. -Bien, la vida de casado me sienta bien- respondió con una
sonrisa tan sutil y sincera. ¿¡Qué!? ¿Casado? pe pe pe pero él nunca quiso
casarse. -Haa, si se ve, luces mejor que antes- le respondí lo más indiferente
posible. Llegamos a las escaleras eléctricas, justo el momento indeseable. Di
el paso a la muerte, ese en el que tienes que medir re bien el paso porque si
no quedas en medio de dos escaleras y puedes caer. Ese mismo que no
quería dar para no verlo a los ojos. -Y tú, ¿ya te casaste, hijos, familia?-
preguntó como no queriendo y si saber. -No- le respondí de
la manera más indiferente posible. Fue cuando entonces llegamos al final de las
escaleras y segura di el paso final. Y yo no sabía a qué venia él, no me había
preocupado si venía con su esposa o si venía con sus hijos y los olvidó en caja
por verme a mí. Caminé llena de confusión a la máquina para pagar el
estacionamiento, esa que siempre solía tragarse mi cambio, pero era eso o
esperar en la fina larga y seguir escuchando de su vida y seguir
respondiendo de la mía. Metí el boleto y después el monto a pagar, casi lo
justo para no perder mucho dinero y ganas más tiempo lejos de él. Como dije se
tragó mi cambio y no hice más problema de ello. -Se tragó tu cambió,
¿hablamos a los técnicos?- dijo, queriendo ganar más tiempo conmigo. -No, ya
sabía que lo iba a hacer, vámonos- le respondí, dándole a entender
que no quería más tiempo con él ¿cuándo lo iba a entender? Caminamos al carro,
yo como desesperada, apurada y con prisa. Él tranquilo y admirando mi caminar,
como extrañando lo que era. -No camines tan rápido o ¿tienes prisa?- me dijo
riendo y sonriendo. -Sí, solo vine por el super de rápido, me quedaba de paso
camino al trabajo- le respondí seria, ya sin sorpresa ni rencor.
-Ah! perdón- y comenzó a caminar a mi paso. Mientras yo me preguntaba
porque había dejado el carro tan lejos. Para la otra supondré que me encontraré
a alguien incomodo como él e internaré dejarlo lo más cerca a la
entrada posible, para huir rápido. Alcancé desde lejos a
abrir la cajuela para apresurar el meter las bolsas y no continuar con la
plática incomoda. Aventé las bolsas como jugador de basquetbol tomé las
que él tenía para aventarlas de la misma manera. Que importa si había comprado
huevo y se rompieran, ya compraré más pensé. Lo importante era no seguir con
él. -Bueno, me voy, un placer volverte a ver (la verdad no). A ver cuando nos
encontramos otra vez (espero nunca). Un saludo a tu esposa y a tus hijos (si es
que ya tienes).- Le dije denotando más mi prisa. -¡Ana! es que este... a mi si
me da gusto verte...- Dijo jalándome del brazo para que no me fuera. -Y ¿qué te
hace pesar que a mí no?- pregunté burlándome de él. Me jaló más
fuerte hacia él, me quitó el cabello de mi cara y me acarició las
mejillas. Quise correr al carro abrir la puerta y encerrarme para no
pensar más, pero mis pies no me lo permitieron. -Perdóname por todo lo que
pasó- dijo a punto del llanto. Pero ¿qué no ya tenía esposa? y si tenía hijos?
por qué hace esto? -Jaja no te preocupes, eso ya quedó en el pasado- le
respondí aun burlándome de él. Se me acercó un poquito más. Tomó mi
bolsa y quien sabe que le hacía. Yo seguía viendo sus
ojos. Parpadee en el momento justo en el que me besó. Lo empujé y
corrí al carro, lo prendí y me fui. No era el momento de hablar de nosotros.
Para este tiempo, ya habían pasado tantos años para seguir pensando en nosotros.
Etiquetas:
amantes,
amigos,
amistad,
amor,
amor de mi vida,
besos,
café,
canciones,
caricias,
cariño,
celos,
cobarde,
confusiòn,
consciencia,
corazón roto,
deilución,
desamor,
futuro,
nosotros,
pasado
martes, 15 de mayo de 2012
Solo ana.
Caminábamos agarrados de la mano, me encanta tomar su mano en todo momento. Íbamos justo hacia donde siempre estaban sus amigos y yo justo esperaba que me quisiera presentar. Miren, ella, es mi prometida. Aun que en realidad para lo poco que tenemos de comprometernos, no es nada. Pero algo les tuvo que haber hablado de mi, no? Era yo la mujer con la que él se quería casar, o al menos eso me había dicho semanas antes. Todo hombre consulta su boda con sus amigos, apoco ellos no sabían nada de mi?
Llegamos justo donde estaban todo platicando. Algunas caras conocidas, otras por conocer, otras realmente indiferentes, otras ni eran amigos suyos. Se paró a mi lado y me soltó la mano, como queriendo no hacerlos pensar que eramos novios, prometidos. Saludó a todos yo esperé. Ella es... buscó durante horas en su cabeza un buen adjetivo. Mi amiga, mi mejor amiga, a la que quiero, a la que amo, con la que me entretengo, la que me hace sentirme menos solo, es mi novia, simplemente especial, la mujer con la que me quiero casar, mi prometida, el amor de mi vida, mi futura esposa, la madre de mi hijos, todo para mi. Terminó con su repertorio y pudo pronunciar mi nombre. Ella es... (todo los adjetivos anteriores en silencio) ana. Ana? simplemente ana? Ana, esa que me besa y la desecho, así nada más, ana. Y todo lo que yo lo quería y todo lo que yo pensaba que eramos se reducía a mi nombre. Ana. Y nadie me dijo nada más. Hola que tal, mucho gusto, ha! que onda. era lo que oía mientras saludaba. Que tal un, él no habla mucho de ti, oh! por fin te conozco, nada...
Ana, ana, ella es... ana. Tenemos poco tiempo andando, mucho saliendo y ahora estamos comprometidos y sigue siendo ana. ¿En que mes ya nos presentamos como novios el uno al otro? ¿A los cuantos años de estar prometidos ya lo podemos anunciar? Pero yo seguía siendo ana. Y todo seguían en silencio para mi. Nadie me preguntaba sobre como me sentía con la boda, nadie me felicitaba por ser la mujer perfecta para él. Simplemente era ana.
Por fin uno de tantos rompió el silencio. Apoco si se van a casar? Crees poderlo aguantar? Me quedé helada. ¿Qué no creían que nos íbamos a casar? ¿Qué él no les había dicho que yo era con quien quería toda su vida pasar? ¿Qué no lo veíamos feliz? Creo que no. Agaché la cabeza y preferí no responder. Él, mi... ya no se ni que eramos, habló por mi. -Ana, está muy feliz por la boda, está arreglando todo para que sea lo más pronto posible- dijo muy serio y entretenido en otra cosa. Ana? me volví a preguntar. Solo ana? Ana prepara la boda, ana esta feliz, ana, ana ana... Pero por qué no decía que él también estaba feliz? Me levanté y al oído le dije que lo esperaba en su casa. No quería seguir estando con él y no.
Cuando llegó a la casa yo ya tenía mis maletas listas, mis cosas empacadas y una carta sobre su cama. Una carta sencilla nada difícil de leer. Decía que no podía seguir engañándome queriéndolo y no, deseando ser su esposa y solo llamándome ana. Yo era la única feliz, yo era la que brincaba de alegría, yo era la única que se iba a casar y él? Él no estaba listo para que fuéramos dos. Por eso me voy.
Era demasiado tarde para que me detuviera. Entró al baño y yo me apuré a sacar las últimas cosas que se me quedaban. Revisé los cajones, choqué bien debajo de la cama, abrí el closet, abrí los cajones, el buró, la cocina, la sala y el comedor. Y me decidí a irme.
Le regalé una última lagrima en el piso del comedor. Otras más en la sala y la última en la puerta. Ana ya estaba lista para dejarlo en paz. Justo antes de prender en carro lo vi correr hacia mi. Corría cansado y lloroso. Corría como si el amor se le fuera en mi carro rojo. -Ana! no! espera! no! no! no me dejes! ana yo si me quiero casar! anaaaa!...- Fue lo último que lo escuché gritar.
No iba a regresar. No iba a esperar que cuando todo esta perdido me quisiera recuperar. No iba a seguir permitiendo que solo fuera ana en su vida. No quería seguir viviendo a como él quisiera. No permitiré que me reconozcan menos de lo que soy... ni para mi solo soy ana, ¿por qué para él si?
Llegamos justo donde estaban todo platicando. Algunas caras conocidas, otras por conocer, otras realmente indiferentes, otras ni eran amigos suyos. Se paró a mi lado y me soltó la mano, como queriendo no hacerlos pensar que eramos novios, prometidos. Saludó a todos yo esperé. Ella es... buscó durante horas en su cabeza un buen adjetivo. Mi amiga, mi mejor amiga, a la que quiero, a la que amo, con la que me entretengo, la que me hace sentirme menos solo, es mi novia, simplemente especial, la mujer con la que me quiero casar, mi prometida, el amor de mi vida, mi futura esposa, la madre de mi hijos, todo para mi. Terminó con su repertorio y pudo pronunciar mi nombre. Ella es... (todo los adjetivos anteriores en silencio) ana. Ana? simplemente ana? Ana, esa que me besa y la desecho, así nada más, ana. Y todo lo que yo lo quería y todo lo que yo pensaba que eramos se reducía a mi nombre. Ana. Y nadie me dijo nada más. Hola que tal, mucho gusto, ha! que onda. era lo que oía mientras saludaba. Que tal un, él no habla mucho de ti, oh! por fin te conozco, nada...
Ana, ana, ella es... ana. Tenemos poco tiempo andando, mucho saliendo y ahora estamos comprometidos y sigue siendo ana. ¿En que mes ya nos presentamos como novios el uno al otro? ¿A los cuantos años de estar prometidos ya lo podemos anunciar? Pero yo seguía siendo ana. Y todo seguían en silencio para mi. Nadie me preguntaba sobre como me sentía con la boda, nadie me felicitaba por ser la mujer perfecta para él. Simplemente era ana.
Por fin uno de tantos rompió el silencio. Apoco si se van a casar? Crees poderlo aguantar? Me quedé helada. ¿Qué no creían que nos íbamos a casar? ¿Qué él no les había dicho que yo era con quien quería toda su vida pasar? ¿Qué no lo veíamos feliz? Creo que no. Agaché la cabeza y preferí no responder. Él, mi... ya no se ni que eramos, habló por mi. -Ana, está muy feliz por la boda, está arreglando todo para que sea lo más pronto posible- dijo muy serio y entretenido en otra cosa. Ana? me volví a preguntar. Solo ana? Ana prepara la boda, ana esta feliz, ana, ana ana... Pero por qué no decía que él también estaba feliz? Me levanté y al oído le dije que lo esperaba en su casa. No quería seguir estando con él y no.
Cuando llegó a la casa yo ya tenía mis maletas listas, mis cosas empacadas y una carta sobre su cama. Una carta sencilla nada difícil de leer. Decía que no podía seguir engañándome queriéndolo y no, deseando ser su esposa y solo llamándome ana. Yo era la única feliz, yo era la que brincaba de alegría, yo era la única que se iba a casar y él? Él no estaba listo para que fuéramos dos. Por eso me voy.
Era demasiado tarde para que me detuviera. Entró al baño y yo me apuré a sacar las últimas cosas que se me quedaban. Revisé los cajones, choqué bien debajo de la cama, abrí el closet, abrí los cajones, el buró, la cocina, la sala y el comedor. Y me decidí a irme.
Le regalé una última lagrima en el piso del comedor. Otras más en la sala y la última en la puerta. Ana ya estaba lista para dejarlo en paz. Justo antes de prender en carro lo vi correr hacia mi. Corría cansado y lloroso. Corría como si el amor se le fuera en mi carro rojo. -Ana! no! espera! no! no! no me dejes! ana yo si me quiero casar! anaaaa!...- Fue lo último que lo escuché gritar.
No iba a regresar. No iba a esperar que cuando todo esta perdido me quisiera recuperar. No iba a seguir permitiendo que solo fuera ana en su vida. No quería seguir viviendo a como él quisiera. No permitiré que me reconozcan menos de lo que soy... ni para mi solo soy ana, ¿por qué para él si?
Etiquetas:
amigos,
amistad,
amor,
amor de mi vida,
cariño,
celos,
cobarde,
confusiòn,
corazón roto,
desamor,
desconocidos,
desepción,
desgracia,
destino
Suscribirse a:
Entradas (Atom)