viernes, 8 de junio de 2012

Nosotros VI


Como pude abrí los ojos, medio cerrándolos y luchando logré enfocar lo que había enfrente de mí. Era una pared completamente blanca, una pantalla de plasma y una cama muy dura, no precisamente la mía. Son de esas mañanas que sabes que estas, pero no sabes en donde, ni con quien. Me llevé las manos a la boca y a las piernas, no vaya a ser que este secuestrada. Pero que lindos los secuestradores que hasta pantalla me dejan para no sentirme tan mal. Justo cuando bajé las manos para tocar la piernas me di cuenta que no tenía pantalón. ¡NO PUEDE SER! A mí me violaron, me secuestraron y hasta encuerada me dejaron. Del susto hasta di un brinquito en la cama y algo a mi lado se movió. ¿Qué? ¿Yo dormí con alguien? Seguro ayer después de los mil tragos que me eché andaba de mala copa, y no era para menos, todo lo que me había pasado en el día era justo sacarlo de alguna manera, pero ¿y qué pasó con el hermoso compañero de ojo claro de mi trabajo? Seguro me dejó en el bar por mala copa, seguro lo espanté con la fiesta que traía por dentro ayer, seguro. Pero eso no importaba ahorita, importaba quien estaba a mi lado al despertar. Bajé con cuidado de la cama, tomé mis zapatos votados por todo el cuarto, mi pantalón encima de unos muñecos de peluche y la blusa debajo de la almohada. Salí con cuidado del cuarto y pasé al baño, me di un retoque para no verme tan mal y me di una peinadita. Me puse el pantalón, los zapatos y la blusa. Salí del baño y busqué mi bolsa, que justo estaba del otro lado, en la mesa del comedor. Gracias a dios estaba completa y viva, pero quien sabe con quién me había metido, quien sabe cómo llegué a esa casa, quien sabe que más tomé después. Pasé por el pasillo que me llevaba a mi bolsa y a la salida de ese departamento. Cuando iba caminando de puntitas para no despertar a mi compañero de la noche anterior me encontré con unas fotos, unas de niño, unas de una familia y otras de ¡MI COMPAÑERO DE OJOS CLAROS DEL TRABAJO! Sí, era él era David, su primera comunión, su cumpleaños números 5, su mamá y su papá felices de la salida de la primaria, su foto de niño puberto de secundaria y la foto de la graduación de la universidad, era David. ¿Cómo había sido que terminamos en su casa, acostados en la misma cama y yo sin ropa? Creo que como siempre terminé de intensa, y es que de verdad no es por justificarme pero si estaba muy estresada. Mi ex buscándome, yo huyendo y luego volvérmelo a encontrar en su trabajo que esta también relacionado con el mío, en tan solo menos de dos días. Sí seguro terminé de intensa, seguro me propuso tener una noche de pasión y yo estresada, intensa y mala copa le dije que sí. Lo peor no era el decirle que sí, ya hace mucho quería decirle que sí, lo peor era que no me acordaba de nada, y yo con tantas ganas que le traía a decirle que sí el día que pasa ni me acuerdo.  Pero bueno, ya me había tardado mucho viendo las fotos de su vida y no quería que se despertara y me viera ahí parada viendo sus fotos, deja el viendo sus fotos, el sacada de onda porque no me acordaba que había pasado una noche antes. Así que tomé mi bolsa y corrí a la puerta, le quité los mil y un seguros que tenía y por fin pude salir. Cerré la puerta y me eché a caminar. ¿Qué iba a pasar el lunes en la oficina? Seguro me va a ver con ojos de que quería otra noche conmigo, seguro me va a acosar todo el día hasta que le diga otra vez que sí. Aunque pensándolo bien no estaría mal, esta vez ni me acordé de lo que pasó y no está por demás conocerlo al menos consiente por primera vez. ¿No habrá estado mal salirme así de su casa y ni adiós decir? Ya se me estaba haciendo costumbre eso de irme y ni despedirme. Pero no estaba bien, él me agarró consiente o al menos eso creo que creyó, y pues yo me salí más consiente aun y ni gracias por de menos dejarme pasar esa noche con él. Pero ya el lunes seguro lo voy a ver y me tendrá que ver con ojos de que ando encuerada y le tendré que dar gracias, encuerada en su mente. Después de intentar salir de la inmensa unidad en la que vivía y de darle tres vuelta al estacionamiento buscando mi carro por fin lo encontré. Busqué las llaves en mi bolsa y ahí estaban. Menos mal tenía todas mis cosas, menos mal terminé con él y no con otro desconocido. Busqué un pequeño cuaderno en mi carro, creo que ese remordimiento de conciencia de irme y ni gracias ni adiós decir no me dejó en paz. A mi ex se lo había hecho, ni gracias ni adiós, ni chinga tu madre le dije. Pero ese era otro caso muy diferente y no se merecía nada de eso. Busqué una pluma y comencé a escribir. –David, gracias por… (¿Por qué, por la noche, por la compañía, por los tragos, por el sexo, por dejarme pasar la noche en tu casa contigo encuerados? ¿Por qué tenía que darle las gracias?) … la noche que pasamos, me la pasé muy bien (aunque de la mitad para acá no me acordaba de nada). Nos vemos el lunes en la oficina. Att Ana.- Caminé hasta su edificio y luego hasta su departamento, después de perderme tres veces en su unidad, ya sabía cómo llegar. Doblé la pequeña hoja y la aventé debajo de la puerta. Ya estaba listo, di las gracias y un adiós. No sé ni porque las gracias pero las di, no quiero que se me haga costumbre salirme e irme así nomás. Justo cuento me levanté para bajar las escaleras e irme sonó mi celular. Lo busqué rápido entre mis cosas para que no siguiera haciendo escándalo y no despertara a David, pero cuando lo saqué y lo iba a contestar me di cuenta que era mi ex. También ya era demasiado tarde para callarlo, David había abierto la puerta.


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Nosotros. Segunda parte: http://jatzimind.blogspot.mx/2012/05/nosotros-ii.html
Nosotros. Tercera parte: http://jatzimind.blogspot.mx/2012/05/nosotros-iii.html
Nosotros. Cuarta parte: http://jatzimind.blogspot.mx/2012/06/nosotros-iii.html
Nosotros. Quinta parte: http://jatzimind.blogspot.mx/2012/06/nosotros-v.html


lunes, 4 de junio de 2012

Nosotros V.

Salí como loca, como si hubiera visto un fantasma del edificio donde él trabajaba, no quería que saliera otra vez atrás de mí y que ahora no solo me pidiera perdón, sino otra vez matrimonio. Y es que lo que pasó hace 6 años no se perdona, no se olvida, no se deja en el pasado, no se supera de una manera fácil. Le aventé el gafete en la cara a la señora de la recepción del edificio y así como aventaba con una mano su gafete tomaba mi credencial con la otra. Ni ganas de mirar atrás me daban, yo solo corría y caminaba rápido. Son de esos momentos en los que te dan ganas de tener alas o poderes mágicos para desaparecer en un segundo y evitar este tipo de situaciones tan incomodas. Bajé las escaleras como pude y llegué hasta mi carro, todo sin mirar atrás. Saqué las llaves más rápido que nunca, lo abrí y di un brinco olímpico adentro del carro. Puse los seguros de inmediato y lo prendí. Si venía atrás de mí o no, no lo quería saber. Salí del estacionamiento y comencé a bajar la velocidad, comenzó a calmarse mi corazón, comencé a sentirme mejor.
Llegué a mi casa, total tenía todo el día libre, y ya era viernes. Ni tantito tiempo me dio de revisar el celular para ver si saldría hoy o no. Solo quería descansar, olvidarme de que él ya sabía dónde trabajaba, para quien y de qué. Quería olvidarme de sus lágrimas pidiéndome perdón y se su corazón que latía sincero en diagonal al mío. Quería olvidar que de nuevo caí en los recuerdos de lo que pasó hace 6 años y aún no perdonaba. Tomé el celular para apagarlo y poder descansar mejor, pero tenía un mensaje, al parecer del hombre de los ojos claros –Ana, bonita, me quedé preocupado por ti, que lástima que te dieron el día libre, pero ¿no quieres que vayamos por un café o una cerveza? Igual ahí puedes contarme porque tan preocupada- leí en voz alta. Igual si necesito distraerme, pensé, igual si necesito verlo para olvidar un poco la semana tan agitada que he tenido, igual ya le estoy interesando más, antes ni me preguntaba como amanecí. –Claro bonito, nos vemos a las 8 en el bar por el que siempre pasamos regresando de comer, ese al que siempre quiero entrar y no me dejas- le respondí y me comencé a arreglar. Me retoqué el maquillaje y cambié de ropa, no quería que me oliera con perfume de él, que iba a pensar. Cambié mis zapatos y tomé las cosas necesarias para irme. Me subí al carro y manejé hasta el bar, el hombre de los ojos claros ya me estaba esperando afuera. Le regalé una sonrisita pícara de buenas noches y de coqueteo y me la regresó de la misma manera. –Hola, tu siempre tan linda- me dijo dándome la mano para ayudarme a bajar del carro, creo que notó que me puse roja y que me enamoró aún más su alago porque comenzó a reír. –Gracias, tu siempre tan caballero tan lindo, tu siempre tan tu.- ¿Tu siempre tan tú? ¿Eso dije? ¿De verdad tan nerviosa me ponía? ¿De verdad tanto me gustaba que no sabía cómo responderle a sus halagos? ¿Tú siempre tan tú? –Jajaja gracias linda- respondió y me dio el paso para entrar al bar. La mesera nos asignó una mesa y unos bonitos tragos de cortesía, que falta nos hacían. No llevó la carta, pero ambos ya sabíamos que pedir, o al menos eso supuse de él porque en cuento nos las dio la volteó para seguirme viendo lo bonita que estaba y yo también lo voltee a ver. –Y ahora si dime, ¿por qué tanto interés en el teléfono esta mañana?- me preguntó sin quitarme sus claros ojos de encima. Y ahora si no le podía mentir y ahora si no habría nadie que nos interrumpiera, ahora si tenía que decirle la verdad. –Apareció mi ex novio, ese que no quieres volver a ver jamás, ese que odiaste con toda tu alma y ahora te es tan indiferente apareció. Pensé que me iba a marcar y no quería perder su llamada de nuevo, creo que me confundí entre el interés y el recuerdo, creo que fue interesante volverlo a ver. Creo que es el director de la empresa donde fui a entregar los papeles hoy- quise decirle, pero solo salieron poca palabras de mi boca. –Pues mi ex me marcó y no sabía si lo haría de nuevo, no sabía si le quería contestar.- Creo que entendió de más que no quería hablar de tema y me preguntó sobre muchas otras cosas más, me hiso la plática toda la noche y yo a él. Y por un momento muy a gusto pude olvidarlo.
Tengo que irme le dije con varias copas de más, pero eso recuerdo que le dije. –No Ana, te vas a mi casa porque no puedes manejar- me dijo, como si el si pudiera manejar así y yo no tuviera experiencia. Pagó los 15 tragos de más y los otros 5 que debíamos tomar. Salimos del bar y me pidió las llaves para que él pudiera manejar. Abrió mi puerta, esperó a que me subiera por completo y la cerró, se subió el y se puso a manejar. Llegamos a su casa y yo estaba perdidamente alcoholizada y perdidamente dormida. Solo sentí como me cargó para llevarme hasta su departamento y después hasta su cama. Se recostó a mi lado, pudo haber sido un buen momento para que pasar algo más. Él quería y yo lo sabía, y yo me iba a dejar, hasta iba a cooperar. Sentí sus manos recorriendo mi cintura, mi estómago, mis piernas y mi cara, sentí como me quería besar. Ví como se paró y sacaba ropa tras ropa. Me desabrochó el pantalón y la blusa, me quitó los zapatos y bajó el pantalón, Me quitó la blusa y fue entonces cuando sentí que se acercaba un poco más. Abrí los ojos y sus labios ya estaban en los míos, ente tanta oscuridad no sabía si sus ojos estaban cerrados o abierto, no sabía que llevaba puesto. Solo respondí su beso y ya.



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Nosotros. Segunda parte: http://jatzimind.blogspot.mx/2012/05/nosotros-ii.html
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sábado, 2 de junio de 2012

Nosotros IV


Estaba yo ahí, parada y helada, a punto de que mi corazón se detuviera. Vi como la mujer de recepción dio un salto al teléfono para marcarle a su jefe y anunciar mi llamada. -¡Noo!- grité yo, y todos los empleados me voltearon a ver. Ella me echó unos ojos de ¿estás loca? y yo agaché la mirada. Quizá siempre no me lo quería encontrar. -Es que olvidé los demás papeles en el carro- le dije con una sonrisa pícara y salí de la oficina. Me paré donde nadie me viera y respiré un poco. ¿Y si siempre no lo quería ver? ¿Y si me vuelve a besar? ¿Y si en vez de despedirnos nos volvemos a enamorar? mejor me regreso a mi trabajo e invento que no encontré a nadie y que ni modo de dejarlos en recepción, eran unos papeles tan importantes que no cualquiera debía tener, creo. Y ya me había acomodado la bolsa cuando salió el corriendo, como sabiendo que era yo, como sabiendo que estaba afuera respirando y esperando a armarme de valor para verlo otra vez. -¿Ana? pe pe pe pe pero ¿qué haces aquí?- preguntó muy sorprendido, después de todo no sabía que era yo la que estaba afuera. -¡Ah hola!, pues es que vine a entregarle unos papeles a licenciado Arriaga, pero creo que dejé una parte en el carro y creo que no está- le dije con el mucho o poco valor que aún tenía en la voz. -Jajajaja ¿tú eres la de los papeles? yo soy el licenciado Arriaga, mucho gusto.- Dijo burlándose de mí, seguro la de la recepción le inventó que como loca salí corriendo, bueno no era invento, pero no tenía porque decirlo. -Pasa, ahorita bajamos por los demás papeles- me dijo como si fuera tan conocida para él, como si fuera su vecina. Pero no me quedó más, pasé de nuevo a la oficina. Ni ganas de ver a la mujer de recepción, seguro ya había escuchado que nos conocemos y ahora iba a suponer lo peor de mí, mucho menos ver a los demás trabajadores, me habían visto y oído gritar como loca y salir como loca, preferí agachar la cabeza y hacerme ahora si loca para no seguir dejando mala imagen. Abrió la puerta de su oficina, una oficina grande, con una escritorio al centro, una computadora con varas pantallas y muchos recuerdos de viajes. Las paredes eran de cristal y tenía la vista más hermosa de la ciudad que jamás pudieran imaginar. -Ven siéntate, ahora si podremos platicar- me dijo tan tranquilo que no me la creía. -Si verdad, gracias.- Contesté de la manera más sarcástica, creo que ya había pasado del miedo al verlo y del valor al sarcasmo en menos de 20 pasos, nuevo record para mí. -Y dime Ana, que ha sido de ti, 6 años sin saber de ti, ¿por qué te fuiste y no me dejaste explicarte las cosas? ¿Por qué no te despediste? ¿Por qué huyes de mí?- Y yo cuando comenzó a oír las preguntas mije mi mirada en él, dejé de admirar la hermosa vista de la ciudad y el smog, dejé de pensar a donde se había ido a viajar y de que país era cada escultura. -Ya no hay porque responderte esas preguntas, eso pasó hace 6 años y no pienso explicarte las razones de mis acciones.- Le contesté y corte de tajo su sonrisa, ¿acaso imaginaba que iba a car en su juego? -Mejor respóndeme tú, ¿por qué me besaste?- Ahora si ya no existían ni rastros de sonrisas en su cara, ahora si estaba frio, ahora si me iba a responder. -Bueno, revisemos los papeles, ¿trabajas en la constructora?- No idiota, iba en la calle y un señor se me acercó para usarme de mensajera. -Sí.- Le respondí lo más sutil que pude. Saqué los papeles y lo comenzó a revisar. -Bueno y ¿por qué me besaste ya me vas a decir?- Le pregunté ya molesta, ya ansiosa de una respuesta. Revisó documento por documento, firma por firma y por fin tomo aire para responder. -No soy casado, no tengo familia, no tengo hijos, me dio gusto volverte a ver, te besé porque aun te amo.- ¡AMOR! a eso le llama amor... Ya no me sentía mal, ya no tenía que buscar a su familia en facebook, ya no me sentía la amante, ya me quería ir. -Bueno si los documento están bien me voy, tengo que seguir trabajando.- Arrimé la silla para atrás y tomé mi bolsa. -No Ana, no te vayas otra vez, no otra vez.- Dijo tomando mi brazo. -¿Algún día perdonaras lo que pasó hace 6 años?- Y yo más enojada que nunca y con más ganas de irme le aventé el brazo. Tomé de nuevo la bolsa que se había caído entre tanto jaloneo y salí por la enorme fuerte de cristal de su oficina. Bastaba con lo que hace 6 años había pasado para no quererlo ver jamás. Aún pensaba que teníamos un nosotros y eso dejó de existir el día que intentó terminar con mi vida, casi lo logró. Ni de la de recepción me despedí y ni gracias di. Salí tirando su tarjeta de presentación y salí con lágrimas en mis cachetes. Esperé el elevador y salió corriendo atrás de mí. Me tomó de la cintura como no queriendo dejarme ir jamás. Acarició mi cara y limpio mis lágrimas. Cayeron dos que tres lágrimas de sus ojos y dos que tres suspiros de su boca. Cayeron las palabras que jamás quise volver a oír. -Regresa a mi vida, perdóname fui un idiota, me arrepiento tanto del daño que te hice, se porque te fuiste sin despedirte, se porque me dejaste, sé que falle, pero regresa, regresa a mi.- Abrió la puerta del elevador y lo aventé, corrí y cerré la puerta. No íbamos a regresar.


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