domingo, 20 de enero de 2013

Un día.

Habíamos hablado por mucho tiempo, ya tenía los ojos secos de llorar. Nos dijimos todo, sí todo todo, desde que nos odiábamos por habernos hecho tanto daño, pasando por el te extraño por ser la persona más maravillosa de mi vida, hasta el te amo por todo lo que hemos vivido, por todo lo que somos, porque sí.
Ya no encontrábamos ni que más decir, se acercaba el momento de tomar una decisión y yo no quería. No quería que se fuera de mi vida, no quería perderlo, no quería dejar de oler su perfume, no quería dejar de ver esos ojos que brillan de manera especial, no quería dejar de oír su voz, sus te amo, sus palabras tan lindas, tan de él. No quería y ya estábamos cerquita. Entonces él suspiró, prendió un cigarro y le dio dos que tres fumadas, por fin dejó salir lo que no quería oír. -Y qué vamos a hacer, nos vamos a dejar de ver, de hablar, de salir de todo?-. Y yo de inmediato grité, pero grité para mí -¡NO!- pero pensé en decirlo, no sabía si era justo, si era necesario, si así tenía que ser. -No sé- y me fui a la segura, dejar que él decidiera si así tenía que ser. -Yo tampoco sé, yo no quisiera, pero quizás es necesario- Lo dijo con la voz cortada y el cigarro consumiéndose. Para no variar, yo solté la primera lágrima, otra vez. Me le aventé a los abrazos y a los besos, me le dejé ir, cómo diciéndole no te vayas. Me recargué en su hombro y me dejé llevar por mi tristeza, por mi dolor, por mi incertidumbre de no saber que iba a pasar.
Me tonó de los hombro y me alejó de él, vi su cara llena de lagrimas también, vi como sus ojos tampoco me querían soltar. Me dijo bajito -Es que, es necesarios, es que lo tenemos que hacer, es por el bien de los dos-. Y sentí como se rompía mi corazón, sentí que el mundo se caía, sentí que ese día era el último que nos íbamos a dar. Me sequé las lagrimas y firme, después de todo lo que hablamos, después de todo lo que lloramos, pude decidir lo mejor para mí, para él, para los dos. -Sí, es lo mejor- le dije llena de dolor, pero segura. 
Me abrazó, me dio un beso en la mejilla, uno en la frente y uno en la boca. Caminamos hacia la puerta, sin más que decir. Tomé mi bolsa, mi chamarra y salí de su casa. Él cerró la puerta y comenzamos a caminar hacia mi carro. Desde lejos quité los seguros y se apresuró a abrirme la puerta. No decíamos nada, no había más que hablar. Me metí al carro y dejé mis cosas en el otro asiento  Cerró mi puerta y dio dos pasos hacia atras. Prendí el carro y lo voltee a ver. Salió una lágrima de su ojos, y yo ya no quería llorar. No quería ir manejando e ir llorando, la gente es tan chismosa que seguro me iban a voltear a ver, eso no lo quería. Comenzó a avanzar lentamente el carro y él atras del carro. Cuando meno vi tocó la ventana donde yo iba, Frené y bajé el vidrio. -Pero un día te casaras conmigo verdad? Un día yo seré mejor y tu también, ese día te vas a casar conmigo verdad?- Me dijo con sus ojos llenos de sinceridad, lo que mejor sabía hacer. -Sí!- Le dije con la sonrisa más grande y sincera que había dado. Y siguió avanzando el carro.

jueves, 10 de enero de 2013

Daniel.

Él era de esas personas que no esperabas volver a ver en tu vida. Bueno, mas bien, si te las encontrabas en la calle seguro ni la reconocías ni la fumabas ni lo sospechabas. Pero yo no me fijaba en si lo veía o no, no me preocupaba por volvérmelo a encontrar, ni lo iba a conocer si se cruzaba enfrente de mi. Pero ahí estaba ahora, enfrente de mi. Ya lo había conocido, ya sabía que era él, ya tenía rato que lo estaba observando para saber si era él. Y sí, sí era Daniel.
Tomé la cerveza, le di dos tragos y quise armarme de valor, total dicen que el tiempo lo cura todo y seguro su tiempo ya curo las heridas que le dejé, seguro sí. Pero, también dicen que la gente guarda muchos rencores, y yo en los pocos meses que lo conocí, no le supe si él es de esos. Es más no supe ni de su familia, tan poco me importó y tan poco me preocupó.
Me acomodé la playera, me subí el pantalón y me arreglé el cabello, le di dos tragos más a la cerveza y caminé hacia él. -Hola, que milagro, ¿te acuerdas de mi? (y dudé entre agregar algo más o así dejarle)- Saque una sonrisita como dejando atrás los rencores y me sonrió también. -Claro! como olvidarte- Y no supe si lo dijo por lo nos pasó (que ya ni me acordaba que) o porque jamás se olvidó de mi. Me invitó otra cerveza, porque entre valor y valor y pensar y pensar se terminó la mía. -Que has hecho, que fue de ti cuéntame todo, que haces, a que te dedicas, que música escuchas, tienes novio, todo- Dijo Daniel tan interesado en mi. -Pues nada, estudiar ya sabes... trabajar, aquí allá, donde sea la verdad- Le contesté muy seria, y no es que no atuviere interesada en él, bueno no lo estaba, sólo quería saber como estaba después de tanto tiempo que fue de él y ya. No quería que renaciera una relación, no me importaba saber que estudiaba, donde vivía, que comía, nada. Sólo como estaba y no más. -Ha que bien, oye pero que crees, ya me tengo que ir, porque no me pasas tu teléfono, podemos salir un día, platicar, conocernos más, después de tantos años.- Creo que ni pude esconder la cara de muerto que puse, nada, no le dije nada, pero no tenía porque, no me interesaba. Le daba un número falso? le decía que no, que solo quería saber como estaba y ya bye, jamás volver a saber de él otra vez? le decía que yo también me iba y no respondía a sus peticiones?-Bueno bueno, sigues viviendo donde siempre verdad? luego te paso a visitar- dijo como si hubiera venido con él y ya se fuera, como cuates de toda la vida, ni mi cara de muerto le dijo que no. -Sí, adiós - Le contesté porque no encontré más en mi mente. Se acercó y me dio un beso en el cachete y bajito en mi oído me dijo -No has cambiado, sigues tan güapa, como siempre.- y se fue.
Me dejó, me dejó con media cerveza en el envase, un beso en el cachete y un no, no sólo quería saber como estabas, que jamás le dije.