Colgué rápido. Sabía que era yo, estaba seguro que era yo. Dijo mi nombre con tanta seguridad que me espanté y mejor colgué. ¿Y si marca de vuelta, le contesto? pensé. Y si le contesto ni como decirle que me había equivocado, porque no me había equivocado, tenía su nombre esa tarjeta y no le podía mentir. Mejor apago el celular y me duermo. Pero cuando estaba por apretar el botón de apagar sonó. Era él, no era su número pero era él. Quise contestar pero me tardé mucho pensando si o no y colgó. Sabía que me volvería a marcar estaba segura de que lo haría, pero hoy no y apagué el celular. Me acomodé de ladito y cerré los ojos, me quedé profundamente dormida.
Cuando desperté prendí luego luego el celular por si volvía a marcar. No tenía ningún mensaje ni buzón de voz. Tomé el celular y me metí a bañar, no vaya a ser que me agarre enjabonada y tenga que correr por todo el pasillo de mi casa para contestarle, y con eso de que mis vecinos ni chismosos son, se iban a echar un taco de ojo conmigo enjabonada corriendo para contestarle. Pero nada, no marco. Esperé su llamada mientras me secaba, me ponía la crema, los calzones, el brasier, la blusa, el pantalón, los calcetines, los zapatos, mientras me peinaba, me maquillaba, me ponía mi collar, mis pulseras y mis anillos, mientras picaba fruta, calentaba el café, me servía leche, calentaba pan y le ponía mermelada. Esperé su llamada mientras acomodaba mis cosas para ir a trabajar, mientras subía las cosas al carro, mientras salía del estacionamiento, mientras manejaba, mientras me peleaba con los semáforos, el del periódico, el tráfico y una que otra señora. Esperé su llamada mientras me peleaba con mi jefe, leía el facebook, abría twitter, trabajaba, comía mi lunch, tomaba café. Esperé su llamada todo el día. Jamás llegó. -Ana, todo bien?- dijo ese compañero de ojos claros y alto que tenía su escritorio enfrente de mí. ¿Apoco si me veía muy obvia con el celular en la mano para todos lados? hasta al baño lo metí. -Sí, todo bien- dije con la sonrisa que le regalo todas las mañanas y que hoy olvidé por estar esperando su llamada. ¿Estas esperando alguna llamada importante? ¿Está todo bien segura?- Ay no! ya se había dado cuenta de todo! y ahora ¿qué le digo? Ya sé! que mi mamá está mala. No no! que me voy a cambiar d trabajo y espero lo de una entrevista. No no! que mandé a mi perro al veterinario y que me van a marcar para ir por él, aunque ni perro tengo. No no! que mi mejor amiga esta triste porque se encontró a su ex novio y la beso y él es casado y le esta marque y marque. Suena más real y ya me sé bien la historia. Pero justo cuando le iba a contar salió mi jefe de su oficina. ¡ANA! gritó. -ay! permíteme tantito ahorita te cuento- le dije al hombre de ojos claros y corrí con mi jefe. Tenía ganas de besarlo por primera vez, me había salvado de echar a perder todo el trabajo con el hombre de ojos claros y contarle la tragedia con mi ex novio. -Ana, fíjate que necesito que entregues personalmente estos papeles, son muy importantes y solo tú los debes de entregar. Es más tienes el día libre si vas ahora mismo a dejarlos- me dijo mi jefe y yo sin más ni más acepté. Tomé mis cosas rápido, tomé los papeles y me despedí con sonrisita y beso de sus ojos, digo de él.
Me subí al carro y revisé donde estaba la otra oficina donde los iba a entregar. Prendí el carro y el radio y me puse a cantar. Pero seguía esperando su llamada, igual su esposa se había dado cuenta y se enojó, quizá el que me habló no era él, quizá no guardó mi número y jamás volveré a saber de él sino le vuelvo a marcar, quizá él estaba esperando que le marcara. Pero lo mejor era no saber de él por ahora. Si quería que existiera un nosotros eso no iba a pasar. Ya no más.
Después de hoya y media de lidiar con el tráfico y otra vez con las señoras y señores peatones llegué a la oficina donde tenía que entregar los papeles. Busqué donde estacionarme y bajé los papeles importantes. Tomé el elevador, que para variar estaba en reparación, así que me aventé dos pisos hasta la recepción. -Disculpe, buenos días. DISCULPE!- le grité a la señorita de recepción que estaba echando el chisme con la de la limpieza. -Aja...- respondió como si la hubiera ofendido por interrumpir su chisme. -Vengo de la constructora García y asociados a entregar unos documentos, me dijeron que en el piso nueve oficina veintidós loe entregara...- le dije de manera muy educada tragándome sus respuestas déspotas. -ah! registrarse aquí por favor, déjeme una identificación y tome este gafete para pasar- me respondió con el café en la mano. Hice paso a paso lo que me dijo, puse mi nombre, la hora, la fecha y mi firma, le dejé la identificación y tomé mi gafete para pasar. Caminé al elevador, apreté el botón para subir, con la fe de que no estuviera en reparación, hasta que abrió. Entré, apreté el botón del piso 9 y esperé. Llegamos al piso 9 y bajé, busqué la oficina 22 y abrí la puerta. Era su trabajo, era el logotipo de su trabajo colgado en recepción y debajo para confirmar el nombre que venía en la tarjeta de presentación, por si fuera poco debajo del nombre la página de internet de la tarjeta, aquí estaba él. -Buenos días señorita, ¿usted es la de los papeles verdad? permítame, ahorita le aviso al licenciado que ya llegó-.
Nosotros. Primera parte: http://jatzimind.blogspot.mx/2012/05/nosotros.html
Nosotros. Segunda parte: http://jatzimind.blogspot.mx/2012/05/nosotros-ii.html
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