lunes, 4 de junio de 2012

Nosotros V.

Salí como loca, como si hubiera visto un fantasma del edificio donde él trabajaba, no quería que saliera otra vez atrás de mí y que ahora no solo me pidiera perdón, sino otra vez matrimonio. Y es que lo que pasó hace 6 años no se perdona, no se olvida, no se deja en el pasado, no se supera de una manera fácil. Le aventé el gafete en la cara a la señora de la recepción del edificio y así como aventaba con una mano su gafete tomaba mi credencial con la otra. Ni ganas de mirar atrás me daban, yo solo corría y caminaba rápido. Son de esos momentos en los que te dan ganas de tener alas o poderes mágicos para desaparecer en un segundo y evitar este tipo de situaciones tan incomodas. Bajé las escaleras como pude y llegué hasta mi carro, todo sin mirar atrás. Saqué las llaves más rápido que nunca, lo abrí y di un brinco olímpico adentro del carro. Puse los seguros de inmediato y lo prendí. Si venía atrás de mí o no, no lo quería saber. Salí del estacionamiento y comencé a bajar la velocidad, comenzó a calmarse mi corazón, comencé a sentirme mejor.
Llegué a mi casa, total tenía todo el día libre, y ya era viernes. Ni tantito tiempo me dio de revisar el celular para ver si saldría hoy o no. Solo quería descansar, olvidarme de que él ya sabía dónde trabajaba, para quien y de qué. Quería olvidarme de sus lágrimas pidiéndome perdón y se su corazón que latía sincero en diagonal al mío. Quería olvidar que de nuevo caí en los recuerdos de lo que pasó hace 6 años y aún no perdonaba. Tomé el celular para apagarlo y poder descansar mejor, pero tenía un mensaje, al parecer del hombre de los ojos claros –Ana, bonita, me quedé preocupado por ti, que lástima que te dieron el día libre, pero ¿no quieres que vayamos por un café o una cerveza? Igual ahí puedes contarme porque tan preocupada- leí en voz alta. Igual si necesito distraerme, pensé, igual si necesito verlo para olvidar un poco la semana tan agitada que he tenido, igual ya le estoy interesando más, antes ni me preguntaba como amanecí. –Claro bonito, nos vemos a las 8 en el bar por el que siempre pasamos regresando de comer, ese al que siempre quiero entrar y no me dejas- le respondí y me comencé a arreglar. Me retoqué el maquillaje y cambié de ropa, no quería que me oliera con perfume de él, que iba a pensar. Cambié mis zapatos y tomé las cosas necesarias para irme. Me subí al carro y manejé hasta el bar, el hombre de los ojos claros ya me estaba esperando afuera. Le regalé una sonrisita pícara de buenas noches y de coqueteo y me la regresó de la misma manera. –Hola, tu siempre tan linda- me dijo dándome la mano para ayudarme a bajar del carro, creo que notó que me puse roja y que me enamoró aún más su alago porque comenzó a reír. –Gracias, tu siempre tan caballero tan lindo, tu siempre tan tu.- ¿Tu siempre tan tú? ¿Eso dije? ¿De verdad tan nerviosa me ponía? ¿De verdad tanto me gustaba que no sabía cómo responderle a sus halagos? ¿Tú siempre tan tú? –Jajaja gracias linda- respondió y me dio el paso para entrar al bar. La mesera nos asignó una mesa y unos bonitos tragos de cortesía, que falta nos hacían. No llevó la carta, pero ambos ya sabíamos que pedir, o al menos eso supuse de él porque en cuento nos las dio la volteó para seguirme viendo lo bonita que estaba y yo también lo voltee a ver. –Y ahora si dime, ¿por qué tanto interés en el teléfono esta mañana?- me preguntó sin quitarme sus claros ojos de encima. Y ahora si no le podía mentir y ahora si no habría nadie que nos interrumpiera, ahora si tenía que decirle la verdad. –Apareció mi ex novio, ese que no quieres volver a ver jamás, ese que odiaste con toda tu alma y ahora te es tan indiferente apareció. Pensé que me iba a marcar y no quería perder su llamada de nuevo, creo que me confundí entre el interés y el recuerdo, creo que fue interesante volverlo a ver. Creo que es el director de la empresa donde fui a entregar los papeles hoy- quise decirle, pero solo salieron poca palabras de mi boca. –Pues mi ex me marcó y no sabía si lo haría de nuevo, no sabía si le quería contestar.- Creo que entendió de más que no quería hablar de tema y me preguntó sobre muchas otras cosas más, me hiso la plática toda la noche y yo a él. Y por un momento muy a gusto pude olvidarlo.
Tengo que irme le dije con varias copas de más, pero eso recuerdo que le dije. –No Ana, te vas a mi casa porque no puedes manejar- me dijo, como si el si pudiera manejar así y yo no tuviera experiencia. Pagó los 15 tragos de más y los otros 5 que debíamos tomar. Salimos del bar y me pidió las llaves para que él pudiera manejar. Abrió mi puerta, esperó a que me subiera por completo y la cerró, se subió el y se puso a manejar. Llegamos a su casa y yo estaba perdidamente alcoholizada y perdidamente dormida. Solo sentí como me cargó para llevarme hasta su departamento y después hasta su cama. Se recostó a mi lado, pudo haber sido un buen momento para que pasar algo más. Él quería y yo lo sabía, y yo me iba a dejar, hasta iba a cooperar. Sentí sus manos recorriendo mi cintura, mi estómago, mis piernas y mi cara, sentí como me quería besar. Ví como se paró y sacaba ropa tras ropa. Me desabrochó el pantalón y la blusa, me quitó los zapatos y bajó el pantalón, Me quitó la blusa y fue entonces cuando sentí que se acercaba un poco más. Abrí los ojos y sus labios ya estaban en los míos, ente tanta oscuridad no sabía si sus ojos estaban cerrados o abierto, no sabía que llevaba puesto. Solo respondí su beso y ya.



Nosotros. Primera parte: http://jatzimind.blogspot.mx/2012/05/nosotros.html
Nosotros. Segunda parte: http://jatzimind.blogspot.mx/2012/05/nosotros-ii.html
Nosotros. Tercera parte: http://jatzimind.blogspot.mx/2012/05/nosotros-iii.html
Nosotros. Cuarta parte: http://jatzimind.blogspot.mx/2012/06/nosotros-iii.html


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