No soportaba el tráfico en la ciudad, aparte ya iba tarde. Me había entretenido demasiado en el pasillo de vino y licores escogiendo el vino para la pasta que iba a cocinar, y dejen eso, lo que me entretuve peleando y esquivándolo. Y el señor de enfrente que no avanzaba, todos los de los carriles de al lado que no me dejaban pasar y del otro los trabajadores que como si nada echándose su taco de chicharrón. ¿Por qué tenía que besarme? ¿No ya estaba casado? ¿Nada más un besito, un error en su maravilloso matrimonio y ya? ¿Será que se quedó con ganas de besarme desde hace 6 años que lo había dejado y ni adiós le dije? Pero yo ya estaba llegando al trabajo, tarde, pero llegando. Sabía que me jefe me iba a gritar por hora y media, me iba a regañar por hora y media y me iba a intentar convencer de llegar temprano. Pero si él estuviera en mi lugar y su ex novia de hace 6 años se lo encontraba en el super y lo acosaba y deja de eso, lo besaba minutos antes confesándole de su matrimonio y agrégale el tráfico de la ciudad, él también me entendería.
Bajé la computadora, el desayuno recalentado por el sol y la bolsa de mi carro. Corrí con mis enorme e imposibles tacones al elevador, que para variar estaba en reparación. Y échale caminando 12 pisos y media hora de retraso. Pero por fin llegue a mi escritorio. Aventé mi bolsa y mi desayuno, saqué la lap y abrí el facebook, a alguien tenía que contarle de su terrible aparición, cuando de repente llegó mi jefe. ¡ANA! otra vez llegando tarde, usted nunca entenderá verdad. Y como le digo, imagínese que su ex se le para enfrente, le confiesa que se casó y usted la dejó hace 6 años y ni adiós dijo, aparte lo besa y usted huye al tráfico para llegar al trabajo y cuando llega tarde se descompone el elevador y se avienta 12 pisos en tacones de 11. Si perdón, tuve varios contratiempo inaprensibles y pues llegué. Le dije. Enojado y conformado se fue a su escritorio a mandarme más trabajo para compensar mis pensamientos por él. Mientras prendía la computadora y yo normalizaba mi ritmo cardíaco busqué en mi bola mi maquillaje. En toda esta mañana agotadora seguro ya se me había corrido el maquillaje. Y es que yo soy de esas mujeres que meten hasta el perico en la bolsa, pero se exactamente que traigo. Entre que me peleaba con el celular, quitaba como cuatro veces las llaves y aventé como dos la crema encontré un papelito nadando por ahí. Desconcertada, porque no recordaba haber echado papelitos por ahí, lo saqué. Era su tarjeta de presentación. Su nombre, su profesión, el nombre de su trabajo, el teléfono de su trabajo, su celular y una página de internet. Eso era lo que hacía con mi bolsa mientras yo lo miraba clarito a los ojos. Pensé en romperla, para qué quería saber de él? pero no, mejor la guardé en mi cartera y continué con mi maquillaje.
Tanto trabajo ni ganas me dieron de pensar en él y en su tarjeta de presentación, ni en su beso, ni en su matrimonio ni en nada. Hasta que llegué a mi casa. Saqué su tarjeta y comencé a cocinar. ¿Le marco? pero si yo fui la que huí ¿Y si quería que yo le marcara? no, no creo, puede enojarse su esposa ¿Por qué me puso la tarjeta en la bolsa, mejor me la hubiera dado? no, sabía que no se la iba a aceptar y hasta la iba a aventar. Terminé la salsa de mi pasta y la carne asada que cociné. Puse el vino en su copa y me senté a comer. Cada cucharada que daba era un paso más para llenar el hueco en el estómago que se me hacía por estar pensando en él. Terminé de comer y de pensar. Lavé los platos y limpié la cocina. Pero seguía pensando en él.
Las ganas me vencieron y abrí de nuevo el facebook, tomé su tarjeta y lo empecé a buscar. Escribí bien su nombre, primero con un apellido y después con dos. Busqué entre los mil quinientos resultados su cara, su hijo, su esposa, su familia, sus amigos y nada. Quizá era una de esas personas que cambiaban su nombre de facebook para que a todas sus ex novias a las que les dio su tarjeta no lo encontraran y sugieran creyendo su vida feliz de casado. ¿Para que seguir buscando alguien a quien no quería encontrar? yo lo había dejado sin decirle adiós, ya me había besado como diciéndome adiós, ya me había acompañado de comprar y había visto como volaban los huevos a la cajuela, ya para qué quería hablar con él? Quizá ahora la que se quería despedir era yo. Quizá ahora yo quería besarlo y despedirme. Quizá solo quería que tuviera mi tarjeta y que el se quebrara la cabeza pensando en hablarme o no, en romper la tarjeta o no, en creerme que era soltera y feliz o no.
Desatendí la cama y me quité la blusa y el pantalón, me mire al espejo y busqué celulitis y estrías, me puse crema y el pantalón de la pijama. Me puse la playera y prendí la tele. Dejé cerquita el celular por si le quería hablar y me decidí a dormir. Después de 3 horas de darle vueltas a mi cama y solo seguir pensando en él, me armé de valor. Que importaba si me tenía que despedir, si lo iba a besar y le escondía mi tarjeta, ¿por qué no oír de nuevo su voz? solo para decirle adiós, solo para que no me vuelva a buscar. Tomé el celular, busqué la tarjeta, pensé que no importaba si su esposa contestara, inventaría que es algo de su trabajo urgente y ya. Apunté su teléfono muy bien, lo rectifiqué y le marqué. Sonó una, dos, tres, cuatro veces y se escuchó una voz feliz, sabiendo que era yo -Bueno, ¿Ana?- dijo la voz.
Nosotros. Parte 1: http://jatzimind.blogspot.mx/2012/05/nosotros.html
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