miércoles, 23 de mayo de 2012

Nosotros.


-¿Ana?- preguntó un hombre un poco misterioso. Y yo respondí dudando un poco -Sí- y cundo giré la cabeza para ver quién era el afortunado hombre que conocía mi nombre, tiré las bolsas del super. Quise disimular mi cara de sorpresa, pero mis ojos no lo lograron. Era él, tantos años queriendo evitarlo y por fin me encontró. Era él, ese con el que cortas y no vuelves a buscar porque no quieres volver a sufrir. Era él, ese que pensaba que iba a ser el amor de mi vida. Y siempre que me encontraba cambiaba mi número. Alguna vez me llegué a cambiar de casa por él. Pero hoy aquí me volvió a encontrar, con mi pants dominguero, mi peinado dominguero y mis zapatos viejos, rotos y sucios. Me sonrió, como burlándose de tiempo que había pasado, como burlándose de como huí y me encontró. -ah! Hola!... tanto tiempo sin verte- le dije temblando por tanto nervio que me provocó. -Jajajajaja, si verdad- Y seguía burlándose de lo que me provocaba -¿Cómo has estado?- preguntó más sincero y menos burleton. Yo Seguía recordando todo lo que entre nosotros pasó, todo lo que había corrido para que no me encontrara. Tomé la tarjeta y le pagué a la señorita de la caja, que después de solo ser la que me atendía se volvió testigo de cómo me alcazaba las pesadillas. Firmé el ticket y le di las gracias y una sonrisa, esperando que él se fuera y entendiera que no quería verlo más. Tomé la tarjeta y la guardé, me agaché para cargar mis bolsas tiradas en el piso y fue cuando una mano me ayudó -Te ayudo- dijo él. Pero como! si yo no te respondí, no entiendes que quiero que te vayas, no entiendes que no quiero verte más! pensé. -Sí, gracias- dije. Seguía sin poderle decir que no, ahora ves porque no te quería volver a ver. Caminé esquivando carritos y señoras gordas que van contando las rayitas del suelo y fue entonces cuando pude responderle, -Yo muy bien, gracias, y tu?-. Creo que ya se había puesto a pensar sobre si realmente le quería hablar. -Bien, la vida de casado me sienta bien- respondió con una sonrisa tan sutil y sincera. ¿¡Qué!? ¿Casado? pe pe pe pero él nunca quiso casarse. -Haa, si se ve, luces mejor que antes- le respondí lo más indiferente posible. Llegamos a las escaleras eléctricas, justo el momento indeseable. Di el paso a la muerte, ese en el que tienes que medir re bien el paso porque si no quedas en medio de dos escaleras y puedes caer. Ese mismo que no quería dar para no verlo a los ojos. -Y tú, ¿ya te casaste, hijos, familia?- preguntó como no queriendo y si saber. -No- le respondí de la manera más indiferente posible. Fue cuando entonces llegamos al final de las escaleras y segura di el paso final. Y yo no sabía a qué venia él, no me había preocupado si venía con su esposa o si venía con sus hijos y los olvidó en caja por verme a mí. Caminé llena de confusión a la máquina para pagar el estacionamiento, esa que siempre solía tragarse mi cambio, pero era eso o esperar en la fina larga y seguir escuchando de su vida y seguir respondiendo de la mía. Metí el boleto y después el monto a pagar, casi lo justo para no perder mucho dinero y ganas más tiempo lejos de él. Como dije se tragó mi cambio y no hice más problema de ello. -Se tragó tu cambió, ¿hablamos a los técnicos?- dijo, queriendo ganar más tiempo conmigo. -No, ya sabía que lo iba a hacer, vámonos- le respondí, dándole a entender que no quería más tiempo con él ¿cuándo lo iba a entender? Caminamos al carro, yo como desesperada, apurada y con prisa. Él tranquilo y admirando mi caminar, como extrañando lo que era. -No camines tan rápido o ¿tienes prisa?- me dijo riendo y sonriendo. -Sí, solo vine por el super de rápido, me quedaba de paso camino al trabajo- le respondí seria, ya sin sorpresa ni rencor. -Ah! perdón- y comenzó a caminar a mi paso. Mientras yo me preguntaba porque había dejado el carro tan lejos. Para la otra supondré que me encontraré a alguien incomodo como él e internaré dejarlo lo más cerca a la entrada posible, para huir rápido. Alcancé desde lejos a abrir la cajuela para apresurar el meter las bolsas y no continuar con la plática incomoda. Aventé las bolsas como jugador de basquetbol  tomé las que él tenía para aventarlas de la misma manera. Que importa si había comprado huevo y se rompieran, ya compraré más pensé. Lo importante era no seguir con él. -Bueno, me voy, un placer volverte a ver (la verdad no). A ver cuando nos encontramos otra vez (espero nunca). Un saludo a tu esposa y a tus hijos (si es que ya tienes).- Le dije denotando más mi prisa. -¡Ana! es que este... a mi si me da gusto verte...- Dijo jalándome del brazo para que no me fuera. -Y ¿qué te hace pesar que a mí no?- pregunté burlándome de él. Me jaló más fuerte hacia él, me quitó el cabello de mi cara y me acarició las mejillas. Quise correr al carro abrir la puerta y encerrarme para no pensar más, pero mis pies no me lo permitieron. -Perdóname por todo lo que pasó- dijo a punto del llanto. Pero ¿qué no ya tenía esposa? y si tenía hijos? por qué hace esto? -Jaja no te preocupes, eso ya quedó en el pasado- le respondí aun burlándome de él. Se me acercó un poquito más. Tomó mi bolsa y quien sabe que le hacía. Yo seguía viendo sus ojos. Parpadee en el momento justo en el que me besó. Lo empujé y corrí al carro, lo prendí y me fui. No era el momento de hablar de nosotros. Para este tiempo, ya habían pasado tantos años para seguir pensando en nosotros.

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