-¿Ana?- preguntó un hombre un poco misterioso. Y yo
respondí dudando un poco -Sí- y cundo giré la cabeza para ver quién era el
afortunado hombre que conocía mi nombre, tiré las bolsas del super. Quise
disimular mi cara de sorpresa, pero mis ojos no lo lograron. Era él, tantos
años queriendo evitarlo y por fin me encontró. Era él, ese con el que cortas y
no vuelves a buscar porque no quieres volver a sufrir. Era él, ese que pensaba
que iba a ser el amor de mi vida. Y siempre que me encontraba cambiaba mi
número. Alguna vez me llegué a cambiar de casa por él. Pero hoy aquí me volvió
a encontrar, con mi pants dominguero, mi peinado dominguero y mis zapatos
viejos, rotos y sucios. Me sonrió, como burlándose de tiempo que
había pasado, como burlándose de como huí y me encontró. -ah!
Hola!... tanto tiempo sin verte- le dije temblando por tanto nervio que me
provocó. -Jajajajaja, si verdad- Y seguía burlándose de lo que me
provocaba -¿Cómo has estado?- preguntó más sincero y menos burleton. Yo Seguía recordando
todo lo que entre nosotros pasó, todo lo que había corrido para que
no me encontrara. Tomé la tarjeta y le pagué a la señorita de la caja, que
después de solo ser la que me atendía se volvió testigo de cómo
me alcazaba las pesadillas. Firmé el ticket y le di las gracias y una
sonrisa, esperando que él se fuera y entendiera que no quería verlo más. Tomé
la tarjeta y la guardé, me agaché para cargar mis bolsas tiradas en el piso y
fue cuando una mano me ayudó -Te ayudo- dijo él. Pero como! si yo no te
respondí, no entiendes que quiero que te vayas, no entiendes que no quiero
verte más! pensé. -Sí, gracias- dije. Seguía sin poderle decir que
no, ahora ves porque no te quería volver a ver.
Caminé esquivando carritos y señoras gordas que van contando las
rayitas del suelo y fue entonces cuando pude responderle, -Yo muy bien,
gracias, y tu?-. Creo que ya se había puesto a pensar sobre si realmente le
quería hablar. -Bien, la vida de casado me sienta bien- respondió con una
sonrisa tan sutil y sincera. ¿¡Qué!? ¿Casado? pe pe pe pero él nunca quiso
casarse. -Haa, si se ve, luces mejor que antes- le respondí lo más indiferente
posible. Llegamos a las escaleras eléctricas, justo el momento indeseable. Di
el paso a la muerte, ese en el que tienes que medir re bien el paso porque si
no quedas en medio de dos escaleras y puedes caer. Ese mismo que no
quería dar para no verlo a los ojos. -Y tú, ¿ya te casaste, hijos, familia?-
preguntó como no queriendo y si saber. -No- le respondí de
la manera más indiferente posible. Fue cuando entonces llegamos al final de las
escaleras y segura di el paso final. Y yo no sabía a qué venia él, no me había
preocupado si venía con su esposa o si venía con sus hijos y los olvidó en caja
por verme a mí. Caminé llena de confusión a la máquina para pagar el
estacionamiento, esa que siempre solía tragarse mi cambio, pero era eso o
esperar en la fina larga y seguir escuchando de su vida y seguir
respondiendo de la mía. Metí el boleto y después el monto a pagar, casi lo
justo para no perder mucho dinero y ganas más tiempo lejos de él. Como dije se
tragó mi cambio y no hice más problema de ello. -Se tragó tu cambió,
¿hablamos a los técnicos?- dijo, queriendo ganar más tiempo conmigo. -No, ya
sabía que lo iba a hacer, vámonos- le respondí, dándole a entender
que no quería más tiempo con él ¿cuándo lo iba a entender? Caminamos al carro,
yo como desesperada, apurada y con prisa. Él tranquilo y admirando mi caminar,
como extrañando lo que era. -No camines tan rápido o ¿tienes prisa?- me dijo
riendo y sonriendo. -Sí, solo vine por el super de rápido, me quedaba de paso
camino al trabajo- le respondí seria, ya sin sorpresa ni rencor.
-Ah! perdón- y comenzó a caminar a mi paso. Mientras yo me preguntaba
porque había dejado el carro tan lejos. Para la otra supondré que me encontraré
a alguien incomodo como él e internaré dejarlo lo más cerca a la
entrada posible, para huir rápido. Alcancé desde lejos a
abrir la cajuela para apresurar el meter las bolsas y no continuar con la
plática incomoda. Aventé las bolsas como jugador de basquetbol tomé las
que él tenía para aventarlas de la misma manera. Que importa si había comprado
huevo y se rompieran, ya compraré más pensé. Lo importante era no seguir con
él. -Bueno, me voy, un placer volverte a ver (la verdad no). A ver cuando nos
encontramos otra vez (espero nunca). Un saludo a tu esposa y a tus hijos (si es
que ya tienes).- Le dije denotando más mi prisa. -¡Ana! es que este... a mi si
me da gusto verte...- Dijo jalándome del brazo para que no me fuera. -Y ¿qué te
hace pesar que a mí no?- pregunté burlándome de él. Me jaló más
fuerte hacia él, me quitó el cabello de mi cara y me acarició las
mejillas. Quise correr al carro abrir la puerta y encerrarme para no
pensar más, pero mis pies no me lo permitieron. -Perdóname por todo lo que
pasó- dijo a punto del llanto. Pero ¿qué no ya tenía esposa? y si tenía hijos?
por qué hace esto? -Jaja no te preocupes, eso ya quedó en el pasado- le
respondí aun burlándome de él. Se me acercó un poquito más. Tomó mi
bolsa y quien sabe que le hacía. Yo seguía viendo sus
ojos. Parpadee en el momento justo en el que me besó. Lo empujé y
corrí al carro, lo prendí y me fui. No era el momento de hablar de nosotros.
Para este tiempo, ya habían pasado tantos años para seguir pensando en nosotros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario