Estaba yo ahí, parada y helada, a
punto de que mi corazón se detuviera. Vi como la mujer de recepción dio un
salto al teléfono para marcarle a su jefe y anunciar mi llamada. -¡Noo!- grité
yo, y todos los empleados me voltearon a ver. Ella me echó unos ojos de ¿estás
loca? y yo agaché la mirada. Quizá siempre no me lo quería encontrar. -Es que olvidé
los demás papeles en el carro- le dije con una sonrisa pícara y salí de la
oficina. Me paré donde nadie me viera y respiré un poco. ¿Y si siempre no lo quería
ver? ¿Y si me vuelve a besar? ¿Y si en vez de despedirnos nos volvemos a
enamorar? mejor me regreso a mi trabajo e invento que no encontré a nadie y que
ni modo de dejarlos en recepción, eran unos papeles tan importantes que no cualquiera
debía tener, creo. Y ya me había acomodado la bolsa cuando salió el corriendo,
como sabiendo que era yo, como sabiendo que estaba afuera respirando y
esperando a armarme de valor para verlo otra vez. -¿Ana? pe pe pe pe pero ¿qué
haces aquí?- preguntó muy sorprendido, después de todo no sabía que era yo la
que estaba afuera. -¡Ah hola!, pues es que vine a entregarle unos papeles a
licenciado Arriaga, pero creo que dejé una parte en el carro y creo que no está-
le dije con el mucho o poco valor que aún tenía en la voz. -Jajajaja ¿tú eres
la de los papeles? yo soy el licenciado Arriaga, mucho gusto.- Dijo burlándose
de mí, seguro la de la recepción le inventó que como loca salí corriendo, bueno
no era invento, pero no tenía porque decirlo. -Pasa, ahorita bajamos por los demás
papeles- me dijo como si fuera tan conocida para él, como si fuera su vecina.
Pero no me quedó más, pasé de nuevo a la oficina. Ni ganas de ver a la mujer de
recepción, seguro ya había escuchado que nos conocemos y ahora iba a suponer lo
peor de mí, mucho menos ver a los demás trabajadores, me habían visto y oído
gritar como loca y salir como loca, preferí agachar la cabeza y hacerme ahora
si loca para no seguir dejando mala imagen. Abrió la puerta de su oficina, una
oficina grande, con una escritorio al centro, una computadora con varas
pantallas y muchos recuerdos de viajes. Las paredes eran de cristal y tenía la
vista más hermosa de la ciudad que jamás pudieran imaginar. -Ven siéntate,
ahora si podremos platicar- me dijo tan tranquilo que no me la creía. -Si
verdad, gracias.- Contesté de la manera más sarcástica, creo que ya había
pasado del miedo al verlo y del valor al sarcasmo en menos de 20 pasos, nuevo
record para mí. -Y dime Ana, que ha sido de ti, 6 años sin saber de ti, ¿por qué
te fuiste y no me dejaste explicarte las cosas? ¿Por qué no te despediste? ¿Por
qué huyes de mí?- Y yo cuando comenzó a oír las preguntas mije mi mirada en él,
dejé de admirar la hermosa vista de la ciudad y el smog, dejé de pensar a donde
se había ido a viajar y de que país era cada escultura. -Ya no hay porque
responderte esas preguntas, eso pasó hace 6 años y no pienso explicarte las
razones de mis acciones.- Le contesté y corte de tajo su sonrisa, ¿acaso
imaginaba que iba a car en su juego? -Mejor respóndeme tú, ¿por qué me
besaste?- Ahora si ya no existían ni rastros de sonrisas en su cara, ahora si
estaba frio, ahora si me iba a responder. -Bueno, revisemos los papeles, ¿trabajas
en la constructora?- No idiota, iba en la calle y un señor se me acercó para
usarme de mensajera. -Sí.- Le respondí lo más sutil que pude. Saqué los papeles
y lo comenzó a revisar. -Bueno y ¿por qué me besaste ya me vas a decir?- Le pregunté
ya molesta, ya ansiosa de una respuesta. Revisó documento por documento, firma
por firma y por fin tomo aire para responder. -No soy casado, no tengo familia,
no tengo hijos, me dio gusto volverte a ver, te besé porque aun te amo.- ¡AMOR!
a eso le llama amor... Ya no me sentía mal, ya no tenía que buscar a su familia
en facebook, ya no me sentía la amante, ya me quería ir. -Bueno si los
documento están bien me voy, tengo que seguir trabajando.- Arrimé la silla para
atrás y tomé mi bolsa. -No Ana, no te vayas otra vez, no otra vez.- Dijo
tomando mi brazo. -¿Algún día perdonaras lo que pasó hace 6 años?- Y yo más
enojada que nunca y con más ganas de irme le aventé el brazo. Tomé de nuevo la
bolsa que se había caído entre tanto jaloneo y salí por la enorme fuerte de
cristal de su oficina. Bastaba con lo que hace 6 años había pasado para no
quererlo ver jamás. Aún pensaba que teníamos un nosotros y eso dejó de existir
el día que intentó terminar con mi vida, casi lo logró. Ni de la de recepción
me despedí y ni gracias di. Salí tirando su tarjeta de presentación y salí con lágrimas
en mis cachetes. Esperé el elevador y salió corriendo atrás de mí. Me tomó de
la cintura como no queriendo dejarme ir jamás. Acarició mi cara y limpio mis lágrimas.
Cayeron dos que tres lágrimas de sus ojos y dos que tres suspiros de su boca. Cayeron
las palabras que jamás quise volver a oír. -Regresa a mi vida, perdóname fui un
idiota, me arrepiento tanto del daño que te hice, se porque te fuiste sin despedirte,
se porque me dejaste, sé que falle, pero regresa, regresa a mi.- Abrió la
puerta del elevador y lo aventé, corrí y cerré la puerta. No íbamos a regresar.
Nosotros. Primera parte: http://jatzimind.blogspot.mx/2012/05/nosotros.html
Nosotros. Segunda parte: http://jatzimind.blogspot.mx/2012/05/nosotros-ii.html
Nosotros. Tercera parte: http://jatzimind.blogspot.mx/2012/05/nosotros-iii.html
Nosotros. Primera parte: http://jatzimind.blogspot.mx/2012/05/nosotros.html
Nosotros. Segunda parte: http://jatzimind.blogspot.mx/2012/05/nosotros-ii.html
Nosotros. Tercera parte: http://jatzimind.blogspot.mx/2012/05/nosotros-iii.html
No hay comentarios:
Publicar un comentario