Le empecé a contar como me sentía estos últimos días, le conté como se me había roto el alma porque ella no estaba más conmigo. Lloré un poco lo he de confesar, las lagrimas era sinceras, hasta puedo decir que cada una era por cada día juntos y casa día sin ella.
Ella solo me miró, como diciéndome que me entendía y que esto le había pasado más de una vez. Movía la cabeza cada vez que le decía que me dolía, cada vez que mencionaba que la amaba. De vez en cuando soltaba una carcajada cuando le contaba que ella no se había ido, que era la incondicional; y quisiera pensar que es porque se acordó de su pasado, no porque se reía de mi presente.
Cuando le dije que no sabía que iba a hacer, cuando me solté a llorar como Magdalena ella ni siquiera me abrazó, ni una sonrisita de consuelo me regaló. Me sentí mas confundido por esta situación que por haber perdido al amor de mi vida. Pero intenté tomar un poco el control y preguntarle que si pasaba algo malo, que por qué se reía.
Sincera y con una fuerte voz de experiencia me recomendó no engañarme, me recomendó meterme la idea de que ella no iba a regresar, que lo nuestro había terminado para siempre. Pero no quise creer.
Cada quién habla como le va en la vida, pero a mi, en especial a mi me ha ido muy bien. Se que no han amado como yo la amé, se que no han amado como ella me ama. Se que solo necesitamos estar maduros para seguir adelante. Se que no tengo que cargarle mis problemas a los demás. Pero eso no se lo dije porque volvería a reírse de mi.
Sabía que si estaba dejada y con dos hijos no iba a entender el verdadero sentido el amor. Nunca la habían amado de verdad, y es que ella se lo ganó. Prefiero no contar sobre su vida porque podríamos terminar llorando.
Pero quien sabe hablar de amor cuando nunca se ha visto en un persona, cuando nunca ha entregado su vida en manos del verdadero amor, cuando nadie ha dado todo por ti y tu por ella. Quien era ella para decirme que no iba a volver si no la conocía de verdad.
Preferí levantar la chela y brindar. Salud por su felicidad, porque algún día entienda lo que es amar, que entienda que lo de nosotros no va a acabar. Para que alguien pueda ver que vale, aun que sea poco pero se la sepan amar y deje de mal aconsejar.
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