Caminábamos agarrados de la mano, me encanta tomar su mano en todo momento. Íbamos justo hacia donde siempre estaban sus amigos y yo justo esperaba que me quisiera presentar. Miren, ella, es mi prometida. Aun que en realidad para lo poco que tenemos de comprometernos, no es nada. Pero algo les tuvo que haber hablado de mi, no? Era yo la mujer con la que él se quería casar, o al menos eso me había dicho semanas antes. Todo hombre consulta su boda con sus amigos, apoco ellos no sabían nada de mi?
Llegamos justo donde estaban todo platicando. Algunas caras conocidas, otras por conocer, otras realmente indiferentes, otras ni eran amigos suyos. Se paró a mi lado y me soltó la mano, como queriendo no hacerlos pensar que eramos novios, prometidos. Saludó a todos yo esperé. Ella es... buscó durante horas en su cabeza un buen adjetivo. Mi amiga, mi mejor amiga, a la que quiero, a la que amo, con la que me entretengo, la que me hace sentirme menos solo, es mi novia, simplemente especial, la mujer con la que me quiero casar, mi prometida, el amor de mi vida, mi futura esposa, la madre de mi hijos, todo para mi. Terminó con su repertorio y pudo pronunciar mi nombre. Ella es... (todo los adjetivos anteriores en silencio) ana. Ana? simplemente ana? Ana, esa que me besa y la desecho, así nada más, ana. Y todo lo que yo lo quería y todo lo que yo pensaba que eramos se reducía a mi nombre. Ana. Y nadie me dijo nada más. Hola que tal, mucho gusto, ha! que onda. era lo que oía mientras saludaba. Que tal un, él no habla mucho de ti, oh! por fin te conozco, nada...
Ana, ana, ella es... ana. Tenemos poco tiempo andando, mucho saliendo y ahora estamos comprometidos y sigue siendo ana. ¿En que mes ya nos presentamos como novios el uno al otro? ¿A los cuantos años de estar prometidos ya lo podemos anunciar? Pero yo seguía siendo ana. Y todo seguían en silencio para mi. Nadie me preguntaba sobre como me sentía con la boda, nadie me felicitaba por ser la mujer perfecta para él. Simplemente era ana.
Por fin uno de tantos rompió el silencio. Apoco si se van a casar? Crees poderlo aguantar? Me quedé helada. ¿Qué no creían que nos íbamos a casar? ¿Qué él no les había dicho que yo era con quien quería toda su vida pasar? ¿Qué no lo veíamos feliz? Creo que no. Agaché la cabeza y preferí no responder. Él, mi... ya no se ni que eramos, habló por mi. -Ana, está muy feliz por la boda, está arreglando todo para que sea lo más pronto posible- dijo muy serio y entretenido en otra cosa. Ana? me volví a preguntar. Solo ana? Ana prepara la boda, ana esta feliz, ana, ana ana... Pero por qué no decía que él también estaba feliz? Me levanté y al oído le dije que lo esperaba en su casa. No quería seguir estando con él y no.
Cuando llegó a la casa yo ya tenía mis maletas listas, mis cosas empacadas y una carta sobre su cama. Una carta sencilla nada difícil de leer. Decía que no podía seguir engañándome queriéndolo y no, deseando ser su esposa y solo llamándome ana. Yo era la única feliz, yo era la que brincaba de alegría, yo era la única que se iba a casar y él? Él no estaba listo para que fuéramos dos. Por eso me voy.
Era demasiado tarde para que me detuviera. Entró al baño y yo me apuré a sacar las últimas cosas que se me quedaban. Revisé los cajones, choqué bien debajo de la cama, abrí el closet, abrí los cajones, el buró, la cocina, la sala y el comedor. Y me decidí a irme.
Le regalé una última lagrima en el piso del comedor. Otras más en la sala y la última en la puerta. Ana ya estaba lista para dejarlo en paz. Justo antes de prender en carro lo vi correr hacia mi. Corría cansado y lloroso. Corría como si el amor se le fuera en mi carro rojo. -Ana! no! espera! no! no! no me dejes! ana yo si me quiero casar! anaaaa!...- Fue lo último que lo escuché gritar.
No iba a regresar. No iba a esperar que cuando todo esta perdido me quisiera recuperar. No iba a seguir permitiendo que solo fuera ana en su vida. No quería seguir viviendo a como él quisiera. No permitiré que me reconozcan menos de lo que soy... ni para mi solo soy ana, ¿por qué para él si?
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