Nos sentamos en el café. Pero yo ya no sentí nervios de verlo, yo ya no sentí la magia que habíamos un día creado. Yo ya no sentía nada por él.
Me tomó del brazo y me dijo que hoy me veía mas bonita que de costumbre. Y no supe si entender que yo era bonita por costumbre, o que se acostumbró a verme siempre igual de bonita. Pero cuando me regaló una sonrisa pícara, supe que mas bien hoy se podría haber enamorado otra vez de mi de lo bonita que estaba.
Poco a poco subió la mano hasta llegar a mis ojos y mi cabello. Los tocó delicadamente, los acarició y me dijo que siempre le había gustado el olor de mi cabello, que siempre había sinceridad en mis ojos, que siempre le van a gustar verlos. Yo no supe si entender que se enamoró otra vez por lo bonita que estaba o si realmente ya se había quitado los ojos de amor y ahora solo me veía sinceramente. Pero cuando agachó la cabeza y su mano seguía en mi cara, supe que en sus ojos no había sinceridad, que le había costado trabajo verme fijamente porque algo estaba mal.
Tomé su mano y la alejé de mi cara, decidí verlo fijamente con mis ojos sinceros y mi cara bonita, me le quedé viendo porque esto ya había comenzado mal. Llegó la mesera con lo que habíamos pedido, solo pensé que a todas las meseras les gusta interrumpir en el momento mas feo de la platica. Pero esta vez había interrumpido en el mejor momento. Él aun no quería decirme que estaba mal.
Soltó una risa un poco para despistar. Era mas bien un risa fingida para despistarme de nuestra plática pendiente. Muy tranquila y un poco asustada le pregunté que si pasaba algo, me respondió que siempre le daba risa como pedía un café con leche light y un pastel de tres chocolates. Reí con él y es que con algo tengo que compensar este rico pastel. Pero regresé rápido al tema inicial, y creo que lo notó bastante bien porque pronto cortó de tajo su risa.
Por primera vez en toda nuestra relación nos atacó el silencio incomodo. Jamás sufrí de eso con él, siempre era un silencio tranquilo. Siempre fue un silencio nada mas.Y hoy, hoy con el silencio incomodo el confirmó que esto estaba muy mal. Y yo comencé a sospechar que pronto la calma se iba a terminar. Creo que este silencio lo armó de valor.
Arrimó su silla hacia mi. Me tomó las manos y ni un trago al café me dejó dar y yo con el bocado de pastel. Abrí los ojos, como fingiendo que no sabía que iba a pasar. Intenté soltarme para tomar café y es que sino lo que ya sabía me iba a hacer que se me atorara el pastel. Pero no lo lo logré.
Agachó nuevamente la cabeza y yo harta de esas humillaciones se la levanté. Le dije firme por última vez que si pasaba algo. Secó su sonrisa y por fin, logró decirme que esto andaba mal. Que ya no sentía lo mismo al verme, que poco a poco fuimos haciendo menos el interés. Que el ya estaba enamorado de alguien mas, que jamás me quiso lastimar.
Sequé su única y última lagrima. Lo abracé y le dije que todo iba a estar bien. Yo lo había olvidado mientras estaba con él. Le dije que ahora que tenía a alguien mas intentara no cometer los mismos errores que conmigo. Lo tranquilicé diciéndole que ya sabía que esto iba terminar. Lo consolé diciéndole que esto ya tenia que terminar.
Entonces nos abrazamos como diciéndonos adiós. Entonces nos abrazamos como agradeciendo cada momento con el otro. Nos abrazamos como agradeciendo cada enseñanza, cada consejo. Agradeciendo por todo el apoyo. Lo miré ahora mas tranquila, mas orgullosa de él. Le dije que le daba las gracias por su sinceridad antes de traicionarme e irse con alguien más. Me sonrió como agradeciéndome lo mismo.
Entonces me quise ir. Tomé mi bolsa y tomé mi celular. le sonreí y le deseé lo mejor. Le di un beso en la frente algo no muy formal. algo que selló una nueva amistad. Le estiré la manos con un poco de dinero para pagar el pastel. Ese pastel que vio como pasmos de estar muy mal a ser los mejores amigos. Ese pastel que se quedó mirándolo un rato más. Satisfecho e la decisión que acababa de tomar.
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