Me quedé aburrida y esperando a que volvieras. Sentada en una esquina contando carros rojos y verdes.
Me quedé vestida y alborotada. Me quedé con ganas de gritarte que, posiblemente no iba a querer a nadie como te quiero a ti.
Te esperé 5 minutos mas, quizás 10 para o arrepentirme después. Pero jamás regresaste. Aun que me hubiera esperado toda la vida, y fuera en contra de mis pensamientos, no ibas a regresar.
Quizás perdí la cordura y la madurez cuando decidí nadar por tus palabras y mis sentimientos, o quizás los perdí cuando vagaba por tus ojos y brincoteaba por tus labios. Pero lo mas seguro es que aun la tenga y ya no sepa como usarla, o simplemente no la quiera usar.
Y todas aquellas promesas tuya y todos aquellos sueños juntos, mientras te esperaba me acompañaban, hacían mas ameno el olvido, mas sutil el tiempo, mas doloroso el momento. Aun que con el tiempo se desvanecieron y me fui quedando sola.
Debías de irte, tenias que irte, sabíamos que debía de acabar. Jamás acepté que se había acabado la magia había terminado, forcé los momentos, forcé el mismo amor de mi corazón. Después comencé a hacer nuevas ilusiones, que jamás pasarían, que jamás querían que pasaran. Fue entonces cuando todo debía de terminar.
Pudiste haberme dicho que no me amabas, que encontrarías a alguien mejor que yo, que no era suficiente para ti. Pero lo mas cierto es que no eres suficiente para mi.
Gracias por tu ausencia, por nunca cumplir la promesa del "volveré", por dejarme esperando en esa esquina acompañada de mi misma y de los sueños y promesas sin cumplir. Gracias a tus desplantes a tu indecisión conocí una amiga. La soledad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario