miércoles, 19 de junio de 2013
Pero como si nada.
Ya me estaba imaginando a ese hombre, a ese que estaba parado como a 2 metros de mí. Me lo imaginé besándome suavecito la boca y más fuerte el cuello. Que por comerme las orejas dejaba de respirar. No podía dejarlo de ver. En ocasiones volteaba poquito la mirada para que no se diera cuenta de cuanto lo deseaba. María no llegaba y yo estaba encantada de que nada interrumpiera mi concentración respecto a él. Cuando volteaba agachaba la mirada y le veía las manos, el abdomen, las uñas, la cintura, las piernas. Cuando me dejaba de ver seguía mirando sus labios, su cuello, sus hombros, seguía queriendo tenerlo para mí. Me paré y le iba a hablar. Todavía no sabía que decirle. No me interesaba si pensaba o no. No quería que fuera mi amigo. No me importaba si tenía novia. Quería tenerlo esa noche y ya. Si mañana no me habla, si no sabe mi nombre y si no le importa lastimarme, no importaba. Me acerqué a la barra, donde estaba. Seguía teniendo la mente en blanco de que decirle. Lo notaba nervioso mientras caminaba hacia él. Creo que se había dado cuenta de todo lo que estaba imaginando con su boca y la mía. Giré y pedí otra cerveza. Me recargué en la barra. Pero quería seguir viéndolo, ahora más cerca. Pensé en preguntarle si esperaba a alguien, si venia solo, si quería platicar, si quería bailar. Pero no. Seguí recargada hasta que me dieron la cerveza. Le di un trago pequeñito y me giré. seguía a mi lado. Creo que él tampoco se quería ir. Me llegó el aroma de su perfume y más quise tener su cuello. Mientras me mordía los labios para controlarme también más le tomaba a la cerveza. Mejor espero a que me hable él. Así no se ve que yo lo desea como nunca a nada ni a nadie. Así veo si también le intereso. María seguía sin llegar y yo quería hasta mandarle un mensaje para que se tardara más. Disimuladamente me voltee a verlo. Su nariz afilada y pequeña, sus ojos grandes con pestañas largas, labios termino medio y rosas, cabello sensual, brazos fuertes, manos grandes, bien vestido, traje ajustado, camisa fácil de desabrochar. Ya no podía más. Y me hacia la aburrida para que me lo quitara. Volví a voltear, él también volteó. Me miró fijamente. Me decía con los ojos que también me quería hoy. Mis ojos coquetearon sutil y sensual. Mi boca se movió casi sola, le sonrió. Mis hombros se aventaron tantito hacia adelante, provocandolo. Mi lengua salió y también lo invitó a jugar. Creo que yo ya estaba lista para lo que fuera a pasar. Lo miré de abajo hacia arriba, deteniendo la mirada en donde más me interesaba. Veía como lo miraba. Fijé mis ojos en los suyos. Creo que entendió lo que buscaba. No lo dudó más, me tomó la mano y me jaló afuera del bar. Se hecho a correr por la calle conmigo. No me importaba si me iba a violar. Eso busqué toda la noche. Él tampoco pudo más, me aventó a su carro. Nos aventamos a los besos. Me comí su boca, la saboreaba, la deseaba, no quería probar otras bocas nunca más. Al menos esa noche no. Me mordí el cuello y él mordía el mió. Sabía que toda la noche quiso lo mismo que yo. Desabroché sus cinturón y se lo quité rápido y fácil. Subió mi vestido y subió por mis piernas. Mientras yo jugaba con su espalda. Saqué las llaves del carro y quité los seguros. Abrí la puerta trasera y no lo dudamos. Nos agachamos y me volvió a empujar hacia adentro del carro. Luego se me aventó, otra vez. Yo encantada, excitada. Cerró la puerta y subió todo el vestido otra vez. Se desabrochó el pantalón y y lo bajó. Hizo a un lado mis calzones y metió sus dedos. Tocaba todo tan sutil, sabía como tocarme. Sabía hacerme desear más y más y más. Le desabroché la camisa y y bajé por toda su espalda hasta las nalgas. Las apreté, estaban firmes. Lo jalé, como diciéndole que no esperáramos más. Sacó su pene duro y lo metió en mí. Parecía que me estaba quitando un mal. Como si cumpliera un sueño. No pude ocultar mi cara de que lo deseaba tanto y tanto. Iba lento y rápido. Iba bien, iba más que bien. No me arrepentí de no conocer ni su nombre. Ni me importaba. subimos tanto y tanto que parecía que íbamos coordinados. Abrí la boca y no dejé escapara ni un ruidito. Él hizo lo mismo. Soltamos, bien coordinados, un suspiro largo. Lo aventé. No quería hablar con él. Y mi celular no había dejado de sonar. María creo que había llegado. Salí del carro y sólo me regresé a besarlo. Tomé mis cosas y regresé corriendo al bar para buscarla. Ahí estaba afuera del bar. Me acomodé todo un poquito y seguí mi vida como si nada.
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